Claves

  • Una encuesta a 23.000 dueños de mascotas halló que la mitad dormía con ellas.
  • El colecho con animales fue descrito como un área relativamente olvidada, aunque en los últimos años ha experimentado un boom.
  • Los estudios citados apuntan a posibles problemas de salud, sueño, conducta y relaciones de pareja.

Compartir la cama con un perro o un gato puede parecer una costumbre afectuosa y hasta tranquilizadora. Sin embargo, la ciencia citada en distintos estudios sugiere que esa práctica puede interferir con el descanso nocturno y, en algunos casos, traer efectos no deseados.

Una costumbre extendida entre dueños de mascotas

Hace más de diez años, una encuesta a 23.000 dueños de mascotas encontró que la mitad reconocía dormir con sus animales. El dato no era menor: también revelaba que una cuarta parte decía tratarlos como si fueran niños pequeños y que casi 75% guardaba fotos de ellos.

El tema empezó a recibir más atención porque el llamado colecho humano-animal había sido un campo poco explorado. Aun así, los estudios reunidos en el texto coinciden en que existe una división cercana al 50% entre quienes duermen con perros o gatos y quienes no lo hacen.

Además, el comportamiento cambia según el animal. Desde 2018, se cita que los perros molestan menos que los gatos durante la noche.

La investigación también apunta a que el sueño no es una experiencia puramente biológica, sino cultural, y que la convivencia entre humanos y animales ha variado mucho según la época y la región.

Dormir con perros o gatos puede alterar el descanso, según la ciencia

Qué riesgos y molestias describe la evidencia

El texto resume varios posibles inconvenientes de dormir con mascotas. Entre los de salud menciona respuestas inmunológicas, alergias, asma y neumonitis por hipersensibilidad. También advierte sobre mordeduras y arañazos que podrían transmitir enfermedades infecciosas asociadas a los animales domésticos.

Los grupos más vulnerables serían los niños pequeños, las mujeres embarazadas y los pacientes inmunodeficientes. No obstante, el propio texto subraya que los riesgos generales son muy bajos si los animales reciben cuidados médicos y mantienen una higiene apropiada.

En materia de sueño, el problema principal serían las interrupciones. Un estudio citado del equipo de Smith halló que 53% de los dueños que dormían con sus mascotas tenía problemas derivados de esa práctica. La diferencia, según el texto, también estaría entre permitirles dormir en el dormitorio o en la cama.

La revisión añade que dormir con animales puede asociarse con problemas de conducta en los perros, como mayor agresividad y dificultades de separación, además de generar conflictos de pareja e incluso afectar la intimidad.

Lo que concluye el análisis sobre dormir acompañado

Pese a esas desventajas, el balance general que presenta el texto no es totalmente negativo. Los autores citados sostienen que dormir con animales puede ofrecer apoyo social, interacción, seguridad personal y sensación de estabilidad.

En síntesis, la evidencia recogida sugiere que el impacto depende del estado de salud, la higiene y la conducta del animal, además de la forma en que se comparte el espacio de descanso. Si la mascota está sana y bien cuidada, el problema puede ser menor; si no, el descanso y la convivencia pueden resentirse.