Ducharse con agua fría, o terminar el baño con un chorro fresco, puede ser un gesto útil en verano para refrescarse, espabilar y aliviar la sensación de piernas pesadas. Las especialistas consultadas advierten, eso sí, que el efecto es limitado y no debe llevarse al extremo.
La Dra. María Sanz Almazán, miembro del Grupo de Trabajo de Enfermedad Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos Generales y de Familia (SEMG), señala que la evidencia científica sobre sus beneficios es “muy limitada y poco concluyente”, y que lo que se conoce con más claridad es el efecto fisiológico del frío sobre el organismo.
El frío activa el cuerpo y puede despejar la mente
Según Carmen Díaz, facialista y directora del centro Germaine Goya, el contraste térmico activa el sistema nervioso, eleva el ritmo cardiaco y favorece la liberación de adrenalina y noradrenalina. Por eso, dice, es normal sentirse más despierta y con mejor ánimo al salir de la ducha.

Ese empujón puede resultar especialmente útil en verano, cuando el calor agota y el sueño suele empeorar. Aun así, no reemplaza el descanso ni una buena hidratación.
Piernas cansadas, hinchazón y el límite de sus efectos
Con las altas temperaturas, los vasos se dilatan y la circulación se enlentece, lo que favorece la hinchazón y la pesadez al final del día. Aplicar agua fresca desde los pies hacia las rodillas puede ayudar a mejorar el retorno venoso y a aliviar, al menos durante unas horas, esa sensación de cansancio.
Díaz añade que, en quienes practican running, puede ser útil para desinflamar y que alternar agua caliente con fría ayuda a disminuir la sensación de piernas cansadas. También explica que, al bajar la temperatura corporal, el organismo aumenta el gasto energético para mantenerla y acelera el metabolismo.
Sin embargo, la ducha fría no elimina varices ni celulitis. Su efecto es más bien de alivio momentáneo y de mejoría en la percepción corporal.

Cómo usarla sin exagerar y quiénes deben tener cuidado
La recomendación es empezar con agua templada y terminar con unos segundos frescos, aumentando el tiempo poco a poco si resulta agradable. También pueden hacerse baños de contraste, alternando frío y calor, para estimular la circulación.
La Dra. Sanz Almazán advierte que deben extremar la prudencia las personas con síndrome de Raynaud, alergia al frío, crioglobulinemia, enfermedades cardiovasculares, hipertensión, diabetes o edad avanzada. En esos casos, el frío puede dejar de ser un alivio y convertirse en un riesgo.
En belleza, el agua fría puede dar una sensación temporal de piel más tensora y ayudar a deshinchar el rostro por la mañana, además de calmar la rojez provocada por el calor. Pero no sustituye a ningún tratamiento cosmético ni reafirmante.
Sobre el cabello, la especialista citada en el texto aclara que lavarlo con agua fría no garantiza más brillo por sí solo. El consejo, en todo caso, es usar el frío con moderación y sentido común.
