Caminar por la playa puede parecer una actividad suave, pero la arena seca obliga al cuerpo a gastar mucho más esfuerzo. El entrenador y fisioterapeuta Sergio López López asegura que esa superficie puede requerir entre 1,6 y 2,7 veces más energía que una dura, a la misma velocidad.
Según Telva, López López, también doctor en Actividad Física y Salud, explica que cada vez que el pie se hunde parte de la energía se pierde moviendo la arena. Eso hace que el cuerpo tenga que esforzarse más para avanzar y mantener el equilibrio.
La arena húmeda estabiliza más, pero la pendiente también pesa
El especialista señala que el tipo de arena cambia por completo la experiencia. La húmeda ofrece más estabilidad, mientras que la seca incrementa la exigencia física.
También advierte que caminar durante mucho tiempo sobre una orilla inclinada puede hacer que una pierna reciba más carga que la otra. Por eso recomienda andar en superficies relativamente planas o cambiar el sentido del recorrido con frecuencia.
Cuándo caminar descalzo puede ser un problema
El podólogo José Berna coincide en que caminar por la playa puede ser muy bueno o muy malo, según cómo se haga. Explica que en la arena blanda hay más inestabilidad, más fatiga y, en consecuencia, más dolor.
En cambio, caminar por la orilla, siempre que no tenga mucha pendiente, puede estimular la musculatura del pie. Berna advierte, además, que quienes padecen fascitis o metatarsalgia deben tener cuidado si el movimiento les genera dolor, porque su pie podría no estar preparado para caminar descalzo por la arena.