La incertidumbre sigue marcando la vida en La Páez, en la parroquia Catia La Mar, en el estado La Guaira, donde el colapso del Bloque 3 dejó duelo, daños y el temor de una demolición aún sin fecha clara para el Bloque 2.
Un barrio que quedó marcado por el derrumbe
Jesús López, de 66 años, ha vivido 63 en ese sector y todavía mira el esqueleto de concreto del Bloque 3, al que le faltan dos alas que se derrumbaron el 24 de junio en menos de dos minutos.
Junto a lo que quedó en pie hay un altar con flores, fotografías, cintas blancas y mensajes de condolencia. A pocos metros, los negocios siguen abiertos y la gente intenta continuar con su rutina entre escombros, polvo y preguntas sin respuesta.
Los tres superbloques residenciales de la Urbanización José Antonio Páez fueron construidos en 1955 para recibir a familias damnificadas por las lluvias de 1951. Hoy, décadas después, los habitantes enfrentan otro desastre, esta vez con la incertidumbre sobre qué pasará con las estructuras que siguen en pie.

Claves
- —El Bloque 3 colapsó el 24 de junio en menos de dos minutos.
- —El Bloque 2 sigue en pie, pero con sentencia de demolición.
- —Vecinos temen por sus viviendas, negocios y enseres.
Temor por la demolición y por dejar las casas abiertas
Según cuenta López, las autoridades han planteado evacuar a la población en un radio de 300 metros y llevarla hacia la meseta de Mamo. También les dijeron que las partículas de los explosivos son altamente cancerígenas y que, para evitar daños por la onda expansiva, las puertas de las casas deben quedar abiertas.
El vecino cuestiona esa medida por el riesgo de robos. Tras los sismos y el caos que vivió la zona, el vandalismo también dejó secuelas y hubo casas saqueadas.

La población ha pedido otras opciones para reducir los efectos sobre viviendas y negocios cercanos. Entre las propuestas que han comentado está una demolición menos traumática, aunque les han respondido que eso cuesta mucho real.
Oswaldo Ceballos, de 59 años, también vive allí desde siempre. Su familia llegó a La Páez en los años cincuenta, después de quedar damnificada en 1951 y ser reubicada en los superbloques. Hoy sobrevive vendiendo ajos, luego de que los terremotos dañaran su pequeño taller de latonería y pintura.
Negocios, pérdidas y una demolición sin fecha
Carlos Benítez tiene su charcutería junto al Bloque 2. Aunque su negocio no fue tumbado por el sismo, sí perdió a su asistente, una de las víctimas del desplome de las dos alas del Bloque 3.
El comerciante dice que la demolición le provoca temor, porque una explosión mal controlada podría afectar su local. Por eso apoya la idea de derribar pared por pared, en vez de dinamitar la estructura de golpe.

Jesús López también perdió a cuatro familiares en la tragedia del 24 de junio. Aun así, dice que procura seguir adelante, caminar y no encerrarse en lo ocurrido, mientras piensa en diciembre y en una Navidad que ya no será igual en La Páez.
Qué implica tumbar un bloque como los de La Páez
José Luis de Abreu, ingeniero de minas y profesor de la Escuela de Geología, Minas y Geofísica de la Universidad Central de Venezuela, explica que para estructuras como las de La Páez existen dos alternativas generales: demolición mecánica con martillos hidráulicos o uso de explosivos.
En edificios de 14 pisos con daños estructurales importantes, considera aconsejable una voladura controlada, porque usar maquinaria sobre una estructura debilitada puede aumentar el riesgo de un colapso imprevisto. Advierte, además, que cada caso debe analizarse por separado.
Antes de decidir cómo derribar un bloque, plantea revisar los daños, las deformaciones, la verticalidad de la estructura, las condiciones del suelo y el impacto sobre las edificaciones vecinas. En una demolición con explosivos, estima un perímetro de seguridad entre 100 y 250 metros de radio, con evacuación de dos a cuatro horas antes y retorno de tres a seis horas después.
También menciona medidas para proteger las viviendas cercanas, como zanjas de amortiguación, protección de ventanas y refuerzos físicos en paredes, además de sistemas con agua para controlar el polvo y los gases generados durante la voladura.




