Como dice mi madre, “el que más da, más recibe” Ley de Dios.Recientemente, mientras esperaba a mi hija Victoria en la recepción del colegio donde ella estudia, llego a mis manos un impreso denominado “leer entre líneas”. Comencé a hojearlo, y me encontré con tres lecturas muy interesantes: Sobre “la felicidad de las mujeres”, “el amor de los padres” y una reflexión que me toco la fibra, escrita por Marco Antonio Batta, titulada “Un empresario de buena pasta”.
Esta historia versaba sobre un empresario italiano de 42 años, a quien se le ocurrió la idea de asignarse por un mes, el mismo salario que le pagaba sus empleados, para saber si era posible vivir con ese dinero. Asunto que le planteó a su esposa y dos hijas, las cuales estuvieron deacuerdo e iniciaron el experimento, planeando los gastos cuidadosamente priorizando en las cuentas por pagar, y renunciando a los gustos, caprichos y recreación, cuestión que extendieron por tres semanas, pero al llegar al día 20 se dieron cuenta que ya no había dinero.
Este artículo, me hizo pensar cómo millones de personas tratan de sobrevivir con medianos ingresos, o lo que se conoce como sueldo mínimo, conllevando al núcleo familiar a sobrevivir con un salario escueto, representando sacrificios para poder cubrir la alimentación del hogar, el pago de los servicios, transporte, los gastos de los estudios de los hijos, el tratamiento de enfermedades de cualquier miembro de la familia, compra de medicinas, la reparación del vehículo, o cualquier otra necesidad que se presente, y seguro serán seguidas las ocasiones con las que no se cuenta con el dinero suficiente para llegar a fin de mes, generando la angustia y preocupación, cuando se acaba la quincena.
Factores como la inflación, la escasez, el alto costo de la vida, el aumento de los servicios públicos, el colapso y deficiente servicio de las instituciones del Estado (escuelas, liceos, hospitales, ambulatorios) conlleva a miles de trabajadores a destinar gran parte de sus salarios para cubrir necesidades externas, afectando las primordiales, como la alimentación, la salud, la educación, y la vivienda, y ni pensar que pueda quedar dinero para la recreación u otros gustos.