Jesús A. Rondón / Sociólogo

Al momento de facturar en algunos supermercados, el cajero te indica que para llevarte los “básicos” tienes que llevar otros productos.  Mis compañeros le llaman “el obligaíto.

Existió en el Diario “PANORAMA” una columna dominical llamada ‘El reposo del Domingo’, cuyo autor era Adalberto Toledo Silva. En ella se trataban diversos temas, desde la actualidad hasta curiosidades.  Recuerdo que los zulianos esperaban comprar “el PANORAMA” cada domingo para leer los comentarios de la semana. Finalmente terminé no compartiendo la mayoría de posiciones, pero sí admirando su estilo. Traigo a colación esta columna, porque este es el espíritu en el que quisiera enmarcar las siguientes líneas.   A los trabajadores y trabajadoras de empresas privadas y otras instituciones públicas nos han afiliado a varias grandes cadenas de supermercados, por distintas vías. Como beneficiario, he ido a disfrutar de este “privilegio” como lo denominan algunos trabajadores y trabajadoras de estas cadenas de tiendas.  El mecanismo es muy sencillo:  Usted tiene un día y una hora asignada (generalmente fin de semana), en la cual debe presentarse en la sucursal que le corresponde, presenta su cédula, verifican que usted está “afiliado” y accede. Este es el mecanismo teórico.  En la realidad, pues hay aglomeraciones en las entradas de los establecimientos, no todos son “afiliados”, según qué horas el clima es inclemente, el tiempo de “verificación” es indeterminado (pueden pasar horas), algunos gerentes de tienda son groseros, los “afiliados” en la combinación de estos factores también son groseros y vociferan improperios, y, como en la cola de los bachaqueros, es una oportunidad para hablar de lo divino y lo profano. Los productos que se pueden encontrar en general son los “básicos” en carbohidratos (harinas, pastas y arroz); en higiene (detergentes, jabón de tocador y   cremas dentales) y aceites, salsa de tomate, margarinas y mayonesa (que era básica en la dieta maracucha). Hasta aquí, casi todo bien, solo un poco de problemas para entrar al supermercado. Ahora a pagar…   En caso de un supermercado ubicado en el barrio El Gaitero, hay una caja de facturación donde solo se puede pagar con tarjeta de débito, otra para el pago en efectivo y el resto mixta (solo pago con tarjetas de débito y efectivo). ¿Esto último no es sospechoso?  Pues sí, si recordamos que cuando se cancela con tarjeta el IVA es de 10% y si el pago es mixto, o efectivo, el IVA es de 12 %. Digamos que para uno es casi imperceptible, pero cuando la diferencia se aplica a millones de bolívares, ya no lo es tanto. Pienso que este supermercado tiene un cable pelao con eso.  Ahora retomando el hilo, no siempre hay productos para todos. Los últimos en este caso no son los primeros, aquí son los molestos o decepcionados, pues puedes que no alcances harina o arroz u otra cosa. Y uno piensa en lo que dijo el trabajador del supermercado: tranquilo que eres un “privilegiado”.   Al momento de facturar, el cajero te indica que para llevarte los “básicos” tienes que llevar otros productos. Como dice un viejo amigo en broma y en tono teatral: ¡Oh sorpresa!. Porque en este punto hay que reír para no llorar. Mis compañeros le llaman “el obligaíto”. Una dantesca, pero real comparación con la tarifa que pagan los presos a los “pranes” (o lideres negativos) en las cárceles, solo por el hecho de respirar. En términos del Sundee, y la Ley que lo regula, se denomina venta condicionada.  El “obligaito” de una factura cuyo monto fue Bs. 25.261,29, ascendió  Bs. 5.696,36 (incluyó bandejas de aluminio, cucharas plásticas y galletas que no necesitaba). En otra oportunidad, de una factura de 23.668,24, “el obligaito” fue de 8.723,97 (que incluyó un cepillo dental, detergentes que no necesito y un jugo en envase de vidrio cuyo precio es escandaloso). Calcule usted, estimado lector o lectura, el porcentaje por favor.  Si pierdes la razón y vas a interpelar a algunos de gerentes, ellos te recuerdan que ser “privilegiado” tiene su precio. Además, a estas alturas de la carrera de obstáculos y del tiempo invertido en ella, suspiras y sacas la tarjeta de crédito, pues la quincena de un funcionario público (profesional) llega a duras penas a Bs. 25.000,00 y el cestatique llega una sola vez al mes.  Allí uno comprende el negocio redondo de las “afiliaciones” que se promocionan en voz baja, comprende una vez más que estamos dispuestos a someternos al chantaje a cambio de los productos “básicos”. Uno siente la ausencia del Estado, ¿o es que acaso el Sundee o el Seniat, entre otros,  desconocen esta realidad? La mayor parte de la red de supermercados en Maracaibo que promocionan discretamente “las afiliaciones” actúan al margen de la ley con esta práctica y hay cómplices que los permiten. Allí entiendo en parte cuando el Presidente Maduro dice que estamos sometidos a una “guerra económica” (donde de nuestros salarios estamos obligados a comprar cosas que no necesitamos) y que las bajas se están dando en los trabajadores y trabajadoras en Venezuela. También comprendo que esta guerra no la ganará el Gobierno solo. Y también me pregunto a veces: ¿Estas son expresiones de un pacto oculto?.