Félix Cordero Peraza / Analista político / [email protected]
En política no siempre tener arrinconado al adversario es provechoso. Sobre todo cuando no se poseen objetivos claros y prevalece la subjetividad, lo emotivo y el desconocimiento de la realidad. Porque en política todo es posible. ¡Una ciencia social compleja! Difícil de practicar con éxito si no se tiene una estrategia elaborada para la situación y alternativas a corto, mediano y largo plazo. Conocimiento matemático de las fuerzas y posibilidades del adversario. Especialmente manejo de las propias potencialidades. El medir las fuerzas que combatirán es esencial a la hora de presentar batalla. Tal como lo encontramos en el libro “El Arte de la Guerra” de Sun Tzu. Un libro de tácticas y estrategias militares.
Las alucinaciones prevalecieron y dominaron el transcurrir del año 2016, sin pena ni gloria. ¡No era el parlamento lo que habían ganado, era la Presidencia de la República! Se engañaban eufóricos… Por eso, a los días, anunciaron la destitución de Maduro. Sin sacar cuenta… sin ponderar la importancia de ganar el legislativo. Ya instalados y engolosinados, comenzaron la fiesta del desconocimiento de los poderes ya constituidos. Pero el pecado estaba en la huerfanidad de objetividades y en las ambiciones desmedidas. Lo que les generó la pérdida del fabuloso capital político que la población les había puesto en las manos. Sin plan de ruta pasaron a la deriva casi todo el año 2016. Metidos en una burbuja de ilusiones perdieron el revocatorio y vieron “bypasear” la elección de gobernadores.
Hoy continúan igual. Carentes de un programa de gobierno donde se precise como será, que harán para superar la actual crisis y para quien gobernarán. Deberán convertirlo en el plan de la gente. En el proyecto empoderado de los ciudadanos sin distingo de estatus socio-económico. Realista y vinculado expresamente a la solución de los principales problemas sentidos ahora por la gente. Lo que se percibe desde la óptica ciudadana es una dispersión de ideas y esfuerzos improvisados y hasta contrapuestos. Que salen de diferentes y contradictorios centros partidistas. Cada uno de los cuales pelea por sus propios intereses, objetivos y estrategias.
