Cada vez está más claro que el intento de golpe de Estado adelantado por la extrema derecha, como agentes y representantes certificados del Imperio Norteamericano, no es más que un proceso virtual, una ilusión óptica parecida a un espejismo o a una tenebrosa pesadilla. No han logrado trascender más allá de los círculos de las redes sociales y medios de comunicación que alimentan a la fauna de la derecha histérica. No han captado nuevos seguidores, por el contrario, el autoproclamado presidente usurpador Guaidó se desinfla rápidamente. Es un maloso holograma que se está quedando sin baterías y está destinado al más rotundo fracaso.
Tal cual, no hay modo de ocultarlo. La gente está viendo a un descompuesto Guaidó que no termina de concretar nada. Solo promesas incumplidas y fracasos, directamente proporcionales a los disparates que ha soltado con su irresponsable perorata.
Guaidó, a duras penas, es el presidente de las redes sociales y de los laboratorios mediáticos, un holograma gritando a todo pulmón que en esta «dictadura» no hay libertad de expresión, pero su inocultable cara de paracaidista y de circunstancias es permanentemente cubierta por un enjambre de periodistas, cámaras, teléfonos satelitales y demás artilugios modernos para no perder un detalle de esta nueva reedición de la impactante película The Truman Show (emulando al Big Brother de George Orwell). Todo encaja perfectamente y hasta los personajes se parecen.
A Guaidó solo lo apoyan las «etiquetas» fabricadas por las bandas neofascistas de Voluntad Popular. Gente que no produce nada en positivo para el país, pero que salen coordinados como relojes suizos a insultar por internet (pidiendo la hoguera para todo el pueblo Chavista), a bloquear las calles y avenidas en «inmensos» grupitos de 20 personas. Como siempre, trancándole el tráfico y molestando aún más a sus propios vecinos. La inocuidad como estrategia. Pero nunca olvidaremos que estos grupos fascistas fueron los que dirigieron las Guarimbas violentas y asesinas de los últimos años.
