Tras los terremotos del miércoles, casi 50.000 personas siguen desaparecidas en Caracas y en ciudades cercanas, en medio de una búsqueda contrarreloj que se concentra sobre todo en La Guaira, donde se reportaron los mayores daños.
El reportaje de The Wall Street Journal describe una escena marcada por la desesperación: familias que remueven escombros con herramientas improvisadas, rescatistas que intentan escuchar señales de vida y comunidades enteras que quedaron reducidas a montones de concreto y acero.
Casi 50.000 desaparecidos y una búsqueda sin descanso
Alberto Sánchez pasó varios días cavando entre los restos del edificio donde vivía su novia, Osmary, sin encontrarla a ella ni a su familia. “Hoy siento que ya no me quedan energías”, dijo el domingo, mientras descansaba entre los escombros.
Janett Noriega también busca a seis familiares y afirmó que los esfuerzos de rescate han sido inexistentes. “Es un caos total, sin ninguna planificación”, sostuvo al relatar que ella y su esposo viajaron cada día desde Caracas hasta Caraballeda, una de las zonas más afectadas.
La tragedia se agravó, además, porque las esperanzas de hallar sobrevivientes se reducen con el paso de las horas. Las personas solo pueden resistir un tiempo limitado bajo los escombros sin agua y respirando polvo asfixiante, mientras la búsqueda se extiende por barrios enteros de la capital y localidades vecinas.
Daños en La Guaira y reclamos por la respuesta oficial
El Gobierno venezolano informó que 1.719 personas habían muerto y más de 5.034 resultaron heridas. También señaló que la cifra aumentará. Por su parte, los modelos del Servicio Geológico de EE. UU. (USGS) estimaron que el número probable de muertos alcanzará los miles.
En La Guaira, residentes denunciaron una respuesta estatal que consideraron inadecuada y desorganizada. También señalaron intentos de restringir el acceso de trabajadores voluntarios a las zonas del desastre y trámites que retrasaron a paramédicos, bomberos y equipos de rescate extranjeros.
Durante el fin de semana, miles de soldados y policías fueron desplegados en los pueblos costeros, pero fueron los bomberos y rescatistas de Venezuela, Colombia, México, República Dominicana y EEUU quienes trabajaron entre las losas de hormigón en busca de sobrevivientes. En un edificio, los rescatistas hallaron el cuerpo sin vida de un niño de cuatro años.
Jennifer Fajardo buscaba a sus hijas gemelas de 19 años y a sus dos nietas cuando encontró una señal de esperanza: el perro de la familia, Yogi, salió ileso de un agujero entre los escombros. “Solo quiero que aparezcan mis hijas”, dijo. Más tarde, Jhoana Pacheco y más de 20 familiares seguían buscando a Yveth Arguinzones, de 61 años, y a Alexis González, de 63, desaparecidos tras el colapso del complejo habitacional Los Cocos.
En ese proyecto de vivienda de 12 pisos, llamado Vencedores del Caribe, los vecinos denunciaron años de negligencia y construcciones deficientes. Sánchez afirmó que era conocido que los edificios estaban mal construidos, pero que los residentes no tenían muchas alternativas. “Lo perdí todo”, lamentó.
Construcciones deficientes y herramientas improvisadas
Los testimonios apuntan a una precariedad que quedó expuesta cuando los edificios se derrumbaron y revelaron capas de anime utilizadas como mortero entre losas de hormigón. Residentes dijeron además que ya existían grietas y cabillas expuestas antes de los sismos.
En medio de la búsqueda, algunas familias denunciaron que la única maquinaria disponible fue llevada por ellas mismas. Karen Marchán, quien buscaba a su madre, aseguró que no había visto llegar equipos pesados sino hasta el fin de semana.
Las labores continuaban entre hospitales, refugios y escombros, con una prioridad compartida por todos: encontrar sobrevivientes primero y, después, recuperar los cuerpos de quienes quedaron sepultados. “Al menos encontrar los cuerpos, solo para tener una respuesta”, resumió Jhoana Pacheco.
