En los campos de golf de Caraballeda, en La Guaira, un campamento improvisado se levantó entre carpas, lonas y escombros tras el terremoto del 24 de junio. Allí permanecen personas que perdieron sus viviendas y que ahora esperan saber si entre las ruinas hay rescates posibles o solo más pérdidas.
La promesa de una solución terminó bajo los escombros
Natalie Navarro, de 25 años, vivía en el piso siete de la torre K del OPPPE 26. Cuando comenzó el temblor, acababa de cerrar la puerta de su apartamento y bajó por las escaleras. Al llegar abajo, la torre I ya no existía.
En ese edificio quedaron atrapados su abuela, su padre, su madre, su hermano y dos sobrinos. La familia ya había perdido todo en el corrimiento de tierra de 1999 en Vargas y había sido reubicada allí como una solución definitiva. Veintisiete años después, esa misma solución los aplastó de nuevo.
Su hermano, Charly Jaramillo, llegó esa misma noche desde Petare, donde vive ahora. Contó que había hablado con su familia minutos antes y que todos estaban reunidos tomando café cuando se movió la tierra.
Jaramillo pidió demoler un edificio vacío cercano para permitir el ingreso de maquinaria pesada y acceder a los escombros. Ni él ni Natalie se han movido del campamento.
La Guaira, un territorio marcado por reubicaciones y derrumbes

La Guaira ha concentrado durante un cuarto de siglo a damnificados de distintas tragedias. Después del deslave de 1999, que mató a más de 10.000 personas en esa misma franja costera, y tras las riadas de 2005 y 2010, así como las lluvias torrenciales de 2011, la respuesta fue levantar torres sobre suelos blandos para alojar a quienes lo habían perdido todo.
El Gobierno cifra en 15.866 las personas sin vivienda y en 28.380 las que no pueden regresar hasta que concluyan las inspecciones técnicas. La NASA, con imágenes satelitales, estima hasta 60.000 estructuras dañadas.
Solo las urbanizaciones OPPPE 26 y OPPPE 27, en el sector Caribe, sumaban 17 bloques y 1.268 apartamentos. Allí vivían cerca de 2.700 personas en torres de doce pisos y 51 metros de altura, construidas a la carrera antes de las elecciones de 2012.
Richard Casanova, directivo del Colegio de Ingenieros, afirmó que la vivienda pública bajo la Gran Misión Vivienda «ha sido una historia de corrupción y construcciones de mala calidad, levantadas sin supervisión, inspección ni cumplimiento de códigos específicos».
En la urbanización Mare Abajo 2, en Playa Verde, los bloques amarillos de cinco pisos también quedaron severamente afectados: fachadas arrancadas, ventanas vacías y pisos superiores reventados. En una pared aún sobrevive un mural con los ojos de Chávez, partido por una grieta.
Claves
- —Natalie Navarro y su familia quedaron atrapados en la torre I del OPPPE 26 tras el sismo del 24 de junio.
- —El Gobierno habla de 15.866 personas sin vivienda y 28.380 que no pueden volver a sus casas.
- —La NASA calcula hasta 60.000 estructuras dañadas en la zona afectada.
