La tecnología, que durante años funcionó como uno de los principales motores de las bolsas del mundo, atraviesa una etapa mucho más inestable. Las caídas del Nasdaq, el desplome del Kospi surcoreano, la presión sobre los fabricantes de microchips y el interés desatado por SpaceX muestran que el llamado rally tecnológico ya no avanza en una sola dirección.
Más dudas sobre la IA
A las inquietudes que ya venían rodeando una posible burbuja en torno a la inteligencia artificial se sumó ahora un factor adicional: una volatilidad más marcada en los precios de las acciones. Ese comportamiento ha alimentado una montaña rusa bursátil en la que las subidas y bajadas se producen con mayor intensidad que en meses anteriores.
El temor a que el entusiasmo por la IA haya llevado las valoraciones demasiado lejos no es nuevo, pero en este momento el mercado luce más sensible a cualquier señal de ajuste. Esa fragilidad se refleja en la reacción de los índices y en la presión que enfrentan algunas de las empresas más expuestas al negocio de los chips, pieza clave para el desarrollo de estas tecnologías.
El peso de los inversores minoristas
Uno de los elementos que explica este escenario es el mayor protagonismo de los inversores minoristas, que acceden al mercado a través de fondos cotizados. Ese flujo ha reforzado la fiebre compradora en torno a compañías ligadas a la IA y a otros nombres del sector tecnológico, pero también ha contribuido a que los movimientos sean más abruptos y difíciles de sostener.
