El auge de la inteligencia artificial mantiene fundamentos sólidos y, por ahora, no presenta las señales macroeconómicas que precedieron al estallido de la burbuja tecnológica de finales de los años noventa, de acuerdo con un análisis de Goldman Sachs. Aun así, la firma advierte que las valoraciones bursátiles han avanzado más rápido que la capacidad de la economía para reflejar parte de los beneficios esperados, lo que vuelve a los mercados más sensibles ante cualquier decepción.
Un boom que sigue en marcha
Dominic Wilson y Vickie Chang señalan que el ciclo de inversión vinculado a la inteligencia artificial continúa expandiéndose, mientras que los desequilibrios macroeconómicos que marcaron el final del auge de los noventa todavía no aparecen. Para Goldman Sachs, esa diferencia hace que la comparación con la burbuja puntocom sea, por ahora, menos alarmante de lo que podría parecer.
El banco identifica cuatro señales que anticiparon los problemas de aquella época: niveles excepcionalmente altos de inversión, caída de los márgenes empresariales, mayor necesidad de financiación corporativa y ampliación del déficit por cuenta corriente. De esos factores, solo uno muestra un cambio relevante en el escenario actual.
Según los analistas, el boom de gasto de capital en IA no es tan amplio ni tan duradero como el tecnológico de los años noventa, aunque ya está igualando su escala. En contraste, los márgenes empresariales permanecen cerca de máximos históricos, la rentabilidad corporativa sigue al alza y el balance financiero agregado de las compañías apenas se ha deteriorado, pese al aumento de la inversión.
Además, el déficit por cuenta corriente de Estados Unidos se ha reducido en lugar de ampliarse. Esa combinación, de acuerdo con Goldman Sachs, limita la aparición de vulnerabilidades macroeconómicas similares a las que se vieron en la fase final de la burbuja puntocom.
Más respaldo en beneficios que en múltiplos
La evolución de las ganancias también marca una diferencia importante frente a finales de los noventa. Mientras entonces las valoraciones crecían con márgenes cada vez más presionados, el repunte bursátil actual ha estado acompañado por una mejora acelerada de los beneficios empresariales. El informe destaca que las subidas recientes han estado más impulsadas por ganancias que por expansión de múltiplos.
No obstante, el banco observa una distancia creciente entre el valor que los mercados asignan a la inteligencia artificial y las estimaciones macroeconómicas sobre los ingresos futuros que podría generar esa tecnología. Desde el lanzamiento de ChatGPT a finales de 2022, la ganancia de valor de las compañías ligadas a la IA ronda los US$27 billones, frente a unos US$19 billones estimados en noviembre de 2025.
Esa cifra supera ampliamente la estimación base de Goldman Sachs sobre el valor presente descontado de los ingresos adicionales que la inteligencia artificial aportaría a la economía estadounidense. Aun así, la firma considera que esa brecha no implica necesariamente una burbuja, porque las valoraciones actuales todavía podrían reconciliarse con las utilidades futuras esperadas.
Para que eso ocurra, serían necesarias hipótesis más favorables sobre la adopción tecnológica, la productividad, la velocidad de implementación y la capacidad de las empresas estadounidenses para capturar ingresos globales. Goldman Sachs sostiene que las explicaciones más creíbles para justificar los precios actuales pasan por una participación extraordinariamente alta de las compañías vinculadas a la IA en los beneficios generados por esa tecnología.
La advertencia, sin embargo, apunta a que los mercados podrían estar extrapolando demasiado lejos las tendencias de corto plazo, incluyendo las ganancias impulsadas por el propio boom de inversión. Mientras el gasto en infraestructura siga creciendo, fabricantes de semiconductores, proveedores de infraestructura y grandes plataformas tecnológicas podrían mantener resultados sólidos. La incógnita aparece cuando ese ciclo madure y la inversión empiece a moderarse.
Riesgo de beneficios más que de valoración
Goldman Sachs concluye que el riesgo de una burbuja pura de valoración parece menor que a finales de los años noventa, pero advierte que el riesgo de una burbuja de beneficios puede estar aumentando. La firma plantea que los inversores podrían estar asumiendo que la rentabilidad actual se mantendrá elevada durante mucho más tiempo del que permitirán la competencia, la innovación o la normalización de la inversión.
Al mismo tiempo, la economía estadounidense luce más dependiente del impulso de la IA que durante el auge tecnológico de los noventa. El consumo, la renta disponible y la inversión fuera del sector tecnológico muestran un comportamiento más moderado, lo que reduce la probabilidad de un sobrecalentamiento generalizado, pero eleva la exposición a cualquier choque que afecte la narrativa de crecimiento asociada a la inteligencia artificial.
Por ahora, el banco considera que el boom inversor todavía tiene margen para seguir y que los beneficios empresariales continúan respaldando a los principales ganadores de la IA. En los próximos trimestres, el mercado seguirá de cerca la evolución de la inversión, la persistencia de los márgenes y la capacidad de convertir las expectativas de productividad en resultados económicos concretos.