SpaceX cuenta con el respaldo de Fitch, Moody’s y S&P Global Ratings, que han colocado sus bonos inaugurales en grado de inversión. Aun así, la estructura financiera de la compañía de Elon Musk descansa sobre un equilibrio delicado: gasta caja a gran velocidad, depende del acceso continuo a capital y confía en que su negocio siga creciendo lo suficiente para sostener ese ritmo.
Un balance reforzado, pero con necesidades enormes
La empresa ha reforzado su balance y dispone de más de 100.000 millones de dólares en efectivo tras su OPV. Además, los acreedores tienen a su favor que la deuda tiene prioridad sobre el capital en caso de problemas. En el corto plazo, eso ayuda a explicar por qué los bonos de SpaceX han sido bien recibidos por el mercado y por qué las agencias consideran que el riesgo de impago es relativamente bajo.
Sin embargo, los números de inversión siguen siendo llamativos. SpaceX prevé quemar 28.000 millones de dólares este año, una cifra que S&P estima que podría ampliarse hasta 90.000 millones en 2028. Aunque la división de lanzamientos domina el negocio de poner cargas en órbita, y Starlink aporta un ebitda creciente, el peso del gasto de capital sigue siendo elevado en relación con los ingresos. Parte de la nueva emisión de bonos se destinará, sobre todo, a cancelar un préstamo puente de 20.000 millones, que concentra la mayor parte de la deuda actual.
El factor Musk y el riesgo de una espiral bajista
La lectura de fondo es que una parte importante de ese gasto es discrecional. Las agencias sostienen que Musk podría recortarlo si fuera necesario, pero hacerlo tendría consecuencias. La valoración de SpaceX se apoya en expectativas ambiciosas: centros de datos en el espacio, modelos de inteligencia artificial que alcancen a sus competidores o incluso la colonización de Marte. Reducir la inversión podría debilitar esa narrativa, mientras que emitir más acciones también podría presionar la cotización en una compañía que depende de captar recursos.
