En los edificios derrumbados de La Guaira, la búsqueda sigue a mano limpia y con maquinaria prestada. Entre voluntarios y familiares, los equipos remueven toneladas de escombros para intentar hallar a las personas que aún se presumen enterradas tras los terremotos.

Familias que siguen cavando entre los restos

Marco Contreras grita el nombre de su hermana en el acceso de un estacionamiento subterráneo que apenas ayer consiguieron destapar. Desde adentro sale un olor muy fuerte y las plazas donde se ubicaban los vehículos están completamente aplastadas por el techo del primer piso.

Este hombre mayor la busca desde hace once días. La mujer vivía sola con una perrita en la primera planta de un edificio del que no queda ni una sola parte en pie.

José Riva, junto con un grupo de mineros, cava agujeros para buscar desaparecidos. Fueron ellos quienes quitaron la placa que tapaba el acceso al estacionamiento. Cuenta que han sacado diez cadáveres, aunque les dijeron que en ese edificio había 25 personas fallecidas.

Desde sus zonas mineras han traído maquinaria para empezar a retirar escombros, una de las principales exigencias de los familiares, que han visto pasar durante días a rescatistas internacionales con tecnología, pero sin encontrar señales de vida.

La maquinaria se abre paso entre los colapsos

Las calles de los municipios golpeados por los terremotos de 7,2 y 7,5 se vacían de gente y se llenan de grúas, retroexcavadoras, cargadoras y volquetas.

El gobierno venezolano estima que hay 190 edificios colapsados y cifró en 1,25 millones de toneladas los escombros generados solamente en Caraballeda el 1 de julio.

Carlos García, un operario de maquinaria, llegó a La Guaira al día siguiente del terremoto y busca quién le preste excavadoras para ayudar. Dice que avanza “poco a poco” para sacar cuerpos y que ya lleva ocho.

La mayoría de quienes colaboran son voluntarios como Arcángel Orojoite, un militar que está de permiso y se desplazó a Playa Grande, en Catia la Mar. Allí trabaja en un edificio de 12 plantas desplomado, donde varias retroexcavadoras y una grúa aportada por un vecino siguen removiendo restos.

“El impacto psicológico es fuerte porque estamos hablando de que sacamos diez cuerpos diarios, once, y es fuerte, pero aquí entre todos nos hemos ayudado”, dice. También asegura que han conseguido sacar a varias personas con vida, aunque calculan que debe haber unas 120 personas fallecidas en esa torre.

“Hasta el momento hemos hecho lo que nos han permitido nuestras manos y nuestras herramientas, pero ya llegamos a un punto en que indispensablemente necesitamos maquinaria pesada”, añade, justo antes de que lleguen dos grandes máquinas mandadas a traer por el ejército.

En la zona baja del edificio, una excavadora baja el brazo y la pala comienza a cavar una y otra vez hasta levantar las toneladas de escombros que dejaron los terremotos.