BT y Verizon acordaron crear una nueva empresa conjunta al 50% enfocada en clientes corporativos multinacionales, en una operación que refleja cómo ha cambiado la estrategia internacional de las operadoras de telecomunicaciones. La alianza reunirá negocios de banda ancha y telefonía móvil vinculados a grandes compañías con presencia en varios países.
Un negocio que perdió impulso
Durante los años noventa, las telecos veían las joint ventures internacionales como una herramienta para crecer en distintos mercados y atender a grupos empresariales que buscaban una solución única para sus oficinas, centros de atención telefónica y tiendas repartidas por el mundo. La idea era ofrecer servicios móviles y de banda ancha de forma integrada, en vez de montar estructuras fragmentadas en cada país. Ese entusiasmo se apagó después del estallido de las puntocom, cuando muchas de esas apuestas dejaron de tener sentido económico.
BT ya había vivido ese cambio de ciclo. En 2001 anunció un cargo de 2.000 millones de dólares por la liquidación de Concert, una empresa conjunta que había nacido a finales de los noventa. En aquel momento, varias informaciones apuntaban a que existía demasiado solapamiento entre la JV y las matrices, que ya contaban con sus propios negocios mayoristas nacionales. La historia de Concert también tiene un vínculo con Verizon, porque aquella alianza nació originalmente con MCI, compañía que después terminó integrada en el grupo estadounidense.
Qué gana BT con la operación
La filial internacional de BT está lejos de mostrar un desempeño sólido. Los analistas estiman que este año generará unos 2.400 millones de dólares en ingresos, con un ebitda mínimo y pérdidas de explotación, y prevén además que su facturación siga bajando. Esa debilidad explica por qué Verizon pagará a BT un “pago compensatorio” de 625 millones, una fórmula habitual cuando una de las partes aporta una porción mucho mayor del negocio en una empresa compartida al 50%.
