Más de dos mil detalles, como figuras humanas, árboles, ovejas y otros animales en paisajes con nieve, rayos o truenos en mal tiempo, o edificios en los que al crepúsculo se encienden las luces ventana por ventana, dan vida a este mundo en miniatura.
Backo Mini Express es un popular museo de trenes miniatura en Zagreb, donde se encuentra este año marcado por la pandemia del coronavirus el único mercadillo de Navidad abierto al público, por supuesto también a mínima escala. En este museo, situado en pleno centro de la capital croata, se pueden ver unas 150 locomotoras en miniatura que arrastran un millar de vagones por unos 1.050 metros de rieles, mientras que sobre otros 300 metros de carreteras circulan decenas de pequeños automóviles, autobuses y camiones. Más de dos mil detalles, como figuras humanas, árboles, ovejas y otros animales en paisajes con nieve, rayos o truenos en mal tiempo, o edificios en los que al crepúsculo se encienden las luces ventana por ventana, dan vida a este mundo en miniatura.
En los últimos años, el museo ha sido una de las principales atracciones de las celebraciones oficiales del popular Adviento de Zagreb, cancelado este año debido a las restricciones y prohibiciones de reuniones por la pandemia de la covid-19. Antun Urbic, apodado como «Backo», es el propietario de esta institución local que alberga la maqueta más grande de ferrocarriles en el sureste de Europa, y que está sufriendo también bajo los efectos de la crisis del coronavirus.
Medidas anticovid Para poder acceder a ver su maqueta con los trenes en miniatura hay que respetar las medidas contención, «desde la medición de la temperatura hasta las mascarillas», cuenta Backo, quien desde su infancia se dedica al ferromodelismo.
«Solo puede entrar un máximo de cuatro familias porque tenemos cuatro posiciones entre las que hay seis metros de distancia. Cuando alguien sale, otros pueden entrar y todos se mueven hacia la próxima posición», explica en declaraciones a Efe.