La alegría por la desgracia ajena tiene explicación psicológica y no es raro sentirla
La llamada schadenfreude aparece ligada a la envidia, la comparación social y la percepción de justicia. La ciencia dice que es más humana de lo que parece.
·Actualizado hace 1 h
Sentir alivio o incluso alegría cuando a alguien que consideramos rival le va mal no convierte a una persona en “mala” por definición. La psicología ha estudiado esa reacción y la describe como una respuesta humana, vinculada con la comparación social y la justicia percibida.
La schadenfreude tiene nombre y base científica
Esta emoción se conoce como schadenfreude, un término alemán formado por Schaden —daño— y Freude —alegría—. La evidencia académica advierte que reducirla a simple maldad, o asumir que es inofensiva, deja por fuera cómo funciona el cerebro social.
Un estudio publicado en 2009 en Science señaló que la envidia y la schadenfreude están estrechamente conectadas. En esa investigación, los autores descubrieron que cuando las personas sentían envidia se activaba la corteza cingulada anterior dorsal, una región asociada al dolor físico.
Qué ocurre en el cerebro cuando cae un rival
Cuando la persona envidiada sufría una desgracia, la actividad se trasladaba al estriado ventral, el núcleo central del circuito de recompensa del cerebro. En otras palabras, ver caer a quien se envidia puede generar una recompensa genuina a nivel neurológico.
Los estudios citados también matizan que esta reacción no responde a un “gen de la maldad” ni a una supuesta “hormona de la felicidad” sádica, sino a redes cerebrales que monitorean de forma constante la comparación social y la justicia percibida.
La reacción no aparece solo en adultos. Experimentos con niños pequeños han mostrado que también existe esa alegría ante un evento de este tipo, sobre todo en contextos de desigualdad, cuando un menor percibe que otro recibió un trato injustamente favorable y luego sufre un pequeño percance.
Cuándo se dispara esta reacción
La schadenfreude tiende a intensificarse cuando la otra persona es vista como un rival, tiene un estatus superior o amenaza la autoestima. En esos casos, la empatía se debilita temporalmente y el sufrimiento ajeno puede percibirse como un equilibrio frente a una situación considerada injusta.
Por eso, más que un rasgo excepcional o exclusivo de psicópatas, esta respuesta parece formar parte del repertorio emocional humano cuando entran en juego la competencia, la comparación y la pertenencia al grupo.