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Y nació el Himno Nacional de Venezuela con su Gloria al bravo pueblo

 Se llamaba Vicente Basadre y por voluntad de su majestad Fernando VIII ejercía el cargo de Intendente de Ejército y Real Hacienda de la provincia de Caracas durante los sucesos del 19 de abril de 1810. Hecho prisionero por la junta patriótica que derrocó al capitán general de Venezuela, Vicente Emparan, encarcelado en el castillo de San Carlos, en La Guaira, fue expulsado el 5 de mayo de ese mismo año. 

Ya en Cádiz, España, Basadre escribe en julio de 1810 un informe sobre los sucesos de Caracas y dice que los “caballeros mantuanos” que le custodiaban le dijeron que “en todos los pueblos se habían compuesto canciones alegóricas alusivas a la independencia”. 

Y con indignación cuenta: “Lo más escandaloso fueron las canciones alegóricas que compusieron e imprimieron de su independencia. Convidaban a toda la América española para hacer causa común, y que tomasen a los caraqueños por modelo”.

Basadre se refiere a la tercera estrofa del Himno Nacional Gloria al bravo pueblo que dice: Unidas con lazo/ que el cielo forjó,/ la América toda/ existe en nación,/ y si el despotismo/ levanta la voz,/ seguid el ejemplo que Caracas dio.

Lo que demuestra que la canción que Antonio Guzmán Blanco decretó como Himno Nacional el 25 de mayo de 1881, se compuso antes del 19 de abril, quizás para agitar al pueblo y llamarlo a la causa de la independencia, pero, además, prueba que la idea de una patria grande, de que América es una sola nación, estaba en los patriotas de 1810 y que la decisión de formar varias repúblicas a partir de los territorios de las antiguas colonias, el Panamericanismo, se impuso posteriormente. 

Evidencia también esta tercera estrofa que los venezolanos de entonces se sentían más americanos de lo que quizás nos sentimos los venezolanos de hoy (algunos asumen que americanos son solo los gringos). Sabían nuestros abuelos libertadores que la lucha por la independencia era continental y que el camino era el que ellos habían tomado en Caracas.

La segunda estrofa, que inicia con los versos “¡Gritemos con brío!/ ¡muera la opresión!”, nos reitera la idea de que la canción fue compuesta para agitar, para exaltar los ánimos de quienes habían sido por 300 años súbditos cuando no esclavos de una monarquía oprobiosa. Note, además, la decisión de sus autores y de quienes se atrevían a entonarla en 1810 que le declaraban la muerte a sus opresores.

Esa misma estrofa que llama al combate, da también la clave de su éxito: la unión y la fidelidad, la lealtad y nobleza para con la causa de tener patria y seguidamente dos versos con una carga política muy grande: “Y desde el empíreo,/ el supremo autor/ un sublime aliento al pueblo infundió”.

De acuerdo con el himno, el pueblo es creado por Dios quien le da su aliento sublime, un aliento extraordinario, celestial, pero, al mismo tiempo, lo alienta a que se rebele. La causa de la independencia es voluntad del “supremo autor”, lo que se contrapone a la idea hegemónica sobre la que se sustentaban las monarquías, que el poder del rey provenía del altísimo y rebelarse contra el rey era ir contra la voluntad misma del supremo. En el Gloria al bravo pueblo Dios es resueltamente republicano.

Curioso resulta que en la primera estrofa, el señor grite “abajo cadenas/ abajo cadenas”, cuando ese señor era amo de esclavos y latifundios y que en los versos siguientes se use la palabra pobre, al que ubican en una choza desde la que pide libertad. ¿A quién se refieren cuando hablan de pobres? Presumo que a los llamados pardos y a los blancos criollos que, a pesar de su piel, no tenían la limpieza de sangre ni las propiedades que se exigían en esa época para ser un mantuano. Dudo que se refieran a los esclavos.

La Guerra de Independencia se empantanó en sus inicios en las diferencias de castas que entonces existían en lo que hoy es Venezuela. La pérdida de la Primera República y el surgimiento de caudillos pro realistas como José Tomás Boves evidencian los intereses contrapuestos entre los blancos criollos, a los que pertenecía Simón Bolívar y el resto de los patriotas, y los otros grupos sociales que estaban sometidos a la voluntad de éstos.

Es obvio que la estrofa primera del himno quiere dar por zanjada las contradicciones sociales de la época, pero la realidad es que el señor y el pobre al que alude buscaban libertades distintas y, costó  sangre, sudor y lágrimas encausar la lucha por la independencia en un mismo camino.

Los versos siguientes son un tanto enigmáticos cuando dicen: “A este santo nombre/ tembló de pavor/ el vil egoísmo/ que otra vez triunfó”. ¿A qué “santo nombre” se refiere que hacía “temblar de pavor” al “vil egoísmo” que sin embargo “otra vez triunfó”?

Hay un debate entre los historiadores y los estudiosos de la música sobre quienes son los autores de la letra y la música del himno, cuyos nombres no se mencionan en el decreto de Guzmán Blanco de 1881. Tradicionalmente se le ha atribuido la autoría a Vicente Salias y Juan José Landaeta, pero hay razones para creer que también pudieron ser Andrés Bello y Lino Gallardo. 

Alberto Calzavara, estudioso de la historia de la música en Venezuela, asegura que existe un ejemplar del periódico El Americano, publicado en París el 16 de febrero de 1874, en el que circuló encartada una partitura impresa del Himno Nacional de Venezuela, en la que aparecía Andrés Bello como autor de la letra y Lino Gallardo como compositor de la música.

Lo extraño es que para 1874, la República aún no tenía un himno como tal, tampoco ha trascendido el texto de esa canción que permita corroborar que se trata de la misma que entonamos hoy. Lo que si está comprobado es que Bello también escribió una canción revolucionaria para la época que iniciaba diciendo “Caraqueños, otra época empieza”, con música de Cayetano Carreño. De hecho se compusieron muchas canciones sobre la libertad y la independencia entonces. Se sabe, además, que Lino Gallardo compuso la música de varios temas revolucionarios, entre ellos uno con motivo de la instalación del primer congreso en 1811 y otro dedicado a Bolívar.

Tanto Salias como Bello, al igual que Landaeta y Gallardo estaban en Caracas antes y durante el 19 de abril de 1810 y eran partidarios todos de la misma causa. Tratándose, en su momento, de una canción clandestina, una canción para subvertir el orden monárquico, lo cual se pagaba con la muerte —de hecho Landaeta y Salias fueron luego fusilados por las fuerzas del rey— quizás no había mucha preocupación por establecer la autoría. 

De hecho, la partitura más antigua que se ha hallado del Gloria al bravo pueblo, de acuerdo con el historiador José Antonio Calcaño, la llama “canción nacional paso redoblado”, pero no indica la autoría. Juan Vicente González, refiriéndose a la época de la Primera República, escribe que “el inspirado Gallardo hacía resonar las calles con la Marsellesa venezolana”, pero no sabemos si se trata de la canción que nos une hoy o una versión de la misma u otra diferente. 

Es probable, además, que entre 1810 y 1881, cuando finalmente se decreta como himno nacional, la canción haya tenido varias versiones, que se le hayan quitado o sumado estrofas, cosa que por demás no habría de extrañar porque así se componían las canciones popularmente, improvisando versos sobre un mismo estribillo o coro. 

El cura José Cortés de Madariaga cuenta que al regresar de una misión diplomática en Bogotá, en junio de 1811, mientras navegaban el río Meta abajo, uno de sus acompañantes tomó “la flauta para ejecutar la canción de Caracas, Gloria al bravo pueblo, etc, y al resonar el suave instrumento unieron sus voces los que sabían la letra”.

Aún hoy, la canción que nos identifica como un pueblo bravo, sigue siendo la música que nos une a pesar de las diferencias y como entonces, nos llama a respetar la ley, la virtud y tener honor.

 

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