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En el Día del Arquitecto recordamos a León Jerónimo Hoet ,el belga que dibujó Maracaibo

Publicado edición impresa de PANORAMA 18 de enero de 2014 

Caminar por Maracaibo y no hallar una obra suya es matemáticamente imposible. La huella de León Jerónimo Hoet se quedó anclada en estructuras que sobreviven al tiempo. El Teatro Baralt y el antiguo Mercado principal, hoy Centro de Arte Lía Bermúdez son emblemáticos.  Tenía 52 años cuando murió, el 18 de enero de 1944. Trabajaba en la construcción del Aeropuerto de Grano de Oro.

Han pasado 72 años desde su intempestiva partida y su huella permanece. Maracaibo tiene las pinceladas de un europeo que llegó a amarla al punto de considerarse “el más belga de los maracuchos y el más maracucho de los belgas”. Arquitecto, ingeniero y constructor, una mezcla de saberes que plasmó durante siete años en estructuras tan emblemáticas como el Teatro Baralt, la Basílica Nuestra Señora de Chiquinquirá, el antiguo Mercado Principal (Centro de Arte Contemporáneo Lía Bermúdez), el Museo Urdaneta y el Hospital de Niños, en Veritas.

Enamorado de esa mezcla caribeña y andina presente en Venezuela, del Sol, de la paz que le fue ajena en su natal Bélgica, lugar que se vio forzado a abandonar en 1916, en plena efervescencia de la Primera Guerra Mundial. León Jerónimo Hoet, un espigado hombre de ojos claros, se encaramaba en una mula en sus días libres.

Iba de corbata de lacito y sombrero de explorador a recorrer los paisajes andinos. Salía desde Mene Grande, en Baralt, en la Costa Oriental del Lago, limítrofe con los Andes, en donde cumplía labores para la petrolera Caribbean Petroleum Corporation. Se embarcaba en la aventura de recorrer el río Motatán y los pueblitos que iba encontrando a su paso.

El boom petrolero lo trajo a la tierra de donde jamás se iría. Durante ocho años se desempeñó como ingeniero constructor en la Caribbean Petroleum Corporation, según refiere el autor Leszek Zawisza en su libro titulado Un ingeniero de la vieja Maracaibo.

Abordar la nueva realidad de Maracaibo mediante el diseño de obras con tipologías novedosas fue parte de la responsabilidad que le tocó a Hoet, tras ser contratado por Vicencio Pérez Soto, asentó la arquitecta Laura Rodríguez Olmedillo en su trabajo de tesis La arquitectura como elemento de poder. Caso: Vicencio Pérez Soto.

“Su viaje a través del Atlántico lo lleva a Estados Unidos, tierra prometedora para los emigrantes europeos. De allí, se desplazará a Venezuela donde, en los años de la conflagración mundial, habían sido descubiertas importantes fuentes de petróleo”, reseñó Zawisza.

“Se puede decir que en el actual casco central de Maracaibo hay un testimonio palpable de Hoet”. La aseveración de José Gregorio González, investigador del Acervo Histórico de Maracaibo, resume parte del legado que, en apenas siete años, levantó Hoet en la capital zuliana, luego de ser contratado por el entonces gobernador del estado Vicencio Pérez Soto. “Puede decirse que fue el gran ingeniero del presidente Vicencio Pérez Soto, quien gobernó entre 1926 y 1935”.

Sin dejar de citar su paso por otros estados como Guárico y Aragua, en los que no quiso quedarse por un apego a Maracaibo. “Mucha gente desconoce que el Pasaje Colón es una obra suya y forma parte de este perfil urbano que mira hacia El Malecón”, recalcó González.

La fachada principal mira al Lago. Se le llama así porque es un pasaje entre la avenida Libertador y la calle Comercio, en pleno corazón de la ciudad.

A la trayectoria del belga se suma el albergue de menores en Sabaneta y la Plaza el Buen Maestro, anclada en la avenida Milagro, al norte de Maracaibo.

“Hoet también coordinó la modernización del Palacio de los Cóndores. Bajo su tutela le fueron reemplazadas las escaleras originales de madera por unas de granito. Los cóndores que dan nombre al Palacio de Gobierno regional, fueron diseñados por el arquitecto zuliano Hermes Romero, conocido como Romis, bajo la gerencia del belga”, narra González, tras insistir que muchas de las creaciones de Hoet pertenecían a privados y no fueron conservadas en el tiempo.

El carácter metódico y disciplinado lo condujo a involucrarse en las obras más allá de sus tareas, era de los que se fajaba en el campo de trabajo a la par de los obreros que lo acompañaban. Ese es uno de los rasgos que más subraya el doctor Franklin Hoet Linares, el menor de los cuatro hijos que nacieran de la unión con Eudocia Linares Guerra, de quien quedó flechado en una de las excursiones que emprendía a lomo de mula por Los Andes, la conoció en Escuque, estado Trujillo. “Medía las obras él mismo, le gustaba cuidar al máximo los detalles”.

“La perduralibidad es otra de las características que marcaron su trabajo. Hacía las cosas para que duraran”, afirma basado en los relatos de su madre y sus hermanos mayores. “Tenía apenas once meses de nacido cuando mi papá falleció, así que no pude conocerlo”.

La disciplina en su labor fue una constante, así como su entrega a sus hijos: Edmée Teresita de Jesús, Leonie, Eduardo León y Franklin Teodoro. Jugaba con ellos al llegar de sus agotadoras jornadas bajo el abrazador clima caribeño.

“Mis hermanos me contaban que mi papá llegaba y se ponía a jugar a caballito y les ayudaba en sus tareas del colegio. Siempre se ocupó de una póliza de seguros para sus hijos, era muy precavido. Otra cosa que hacía era escribir cartas con papel carbón para comunicarse con su familia, por eso quedaron copias de esos documentos. Tenía una caligrafía hermosa”.

La ocupación alemana en Bélgica le dejó un sabor amargo. Estando en Maracaibo publicaba avisos de prensa para ofrecer sus servicios en galvanización, otra empresa que emprendió. Luego de su nombre y profesión ponía el término extranjero “aliado” para diferenciarse de los pro nazi.

“Maracaibo estuvo asediada por los submarinos alemanes, es un cementerio de barcos petroleros hundidos para evitar que ese petróleo llegara a Estados Unidos”, recalca Franklin Hoet. “Mi papá siempre enviaba café a sus familiares y un día descubrió que parte de eso se lo robaban los nazis y eso le causó mucha rabia”.

Su relación con Bélgica lo condujo a importar materiales para incorporarlos a sus creaciones. En barcos llegaba vidrio, cemento, hierro y acero. Para entonces la relación entre Maracaibo y Europa llegó a ser más estrecha que con Estados Unidos debido a la cantidad de inmigrantes venidos desde el viejo continente.

Fue un visionario preocupado en crear espacios para la calidad de vida, pensó en sitios para el esparcimiento y en buscar soluciones a problemas tan incómodos como la falta de agua potable.

“Se preocupó para que hubiera un lugar donde la gente pudiera tomarse un helado o una soda y por eso hizo la plaza El Buen Maestro. Cerca estaba el matadero y el psiquiátrico, también ideados por él. Trató de buscar agua, lo que hizo en La Hoyada, en Bella Vista, fue buscando agua. Tenía planes para hacer un túnel por debajo del Lago de Maracaibo y llegar a la Costa Oriental, pues en Bélgica ya tenían experiencia de túneles que pasaban por debajo de lagos y a mi papá le parecía una solución más sencilla para transportarse en el Lago de Maracaibo”.

Su fascinación por el Lago de Maracaibo se plasmó no solo en su vida profesional, si no en su entorno personal. Hizo una casa en Los Haticos, en el cerro El Padre, que miraba al Lago. Tenía un sistema de irrigación por gravedad y eso le permitía cultivar vegetales y tener plantas ornamentales, elementos que dejan ver la practicidad de su propuesta urbana.

El mismo calor que amó y que reemplazó las temperaturas heladas donde nació, se lo llevó repentinamente el 18 de enero de 1944. Tenía 52 años. Trabajaba en la construcción del Aeropuerto de Grano de Oro y él mismo medía el terreno ante un sol que se reflejaba en el espacio tal cual en las llanuras africanas.

“Mi padre estaba haciendo los trabajados de topografía, se ponía un pañuelo para evitar el sol, pero la genética belga tiene tendencia a enfermedades coronarias. El esfuerzo era muy grande debido al calor intenso, era perfeccionista, quería que las pistas se hicieran bien. Murió trabajando”. Los restos de Hoet reposan en el cementerio San José, en 5 de Julio, conocido como El Redondo.

Nostalgia y orgullo se mezclan en el relato de uno de los descendientes de quien se convirtió en uno de los artífices de la modernización de la Maracaibo del siglo XX. ¿Y quién ha caminado por la ciudad sin tropezarse con alguna de sus obras? Así fue como el europeo que se enamoró de este puerto dejó su sello en la Maracaibo del ¡más maracucho de los belgas!

 

Pasaje Colón Aquí aparece posando frente a la hermosa galería comercial aún vigente.

 

El diseño y ensamblaje de la estructura para el Mercado Principal de Maracaibo fue obra de León Hoet.

 

 

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