La Primera Guerra Mundial estaba en su tercer año y mantenía ensombrecida a Europa. Era el 31 de julio de 1917. Ambos bandos, la Triple Alianza (Alemania, los imperios Austro-Húngaro y el Turco Otomano) y la Triple Entente (Francia, Reino Unido y Rusia) luchaban en cuatro frentes para ganar territorio. Esa tarde en Flandern (Bélgica), el teniente Carlos Meyer Baldó realiza un vuelo de patrullaje al mando de su Albatros D.V. Avista un biplano inglés (RE.8) e inmediatamente se inicia el combate. Sus enemigos eran el teniente John Longton y el artillero Thomas Carson. Meyer dispara con su ametralladora en respuesta al ataque de los ingleses y mata a Carson. En instantes, Meyer apunta de nuevo contra la aeronave e impacta el motor y a Longton. El aparato se viene en caída libre y se destroza en líneas alemanas con sus tripulantes muertos. Fue el primer derribo en el historial para el piloto venezolano. Tenía 22 años. Meyer nació en Maracaibo, el 21 de abril de 1895. Su padre era alemán de nombre Johannes Meyer, quien llegó a la capital zuliana en 1880 en representación de la casa comercializadora Steinvorth. Su objetivo era comprar y exportar hacia su país las cosechas de café y cacao que se producían en el Táchira. “Había mucha actividad en Maracaibo con las casas alemanas e inglesas Boulton, Blohm, Beckman, Breuer-Möller y Steinvorth para la que trabajaba el padre de Carlos Meyer. Ellos financiaban los cultivos, compraban la cosecha y la llevaban a Europa. Las empresas tenían su personal en los puertos para el despacho”, indicó Kurt Nagel von Jess, excónsul de Alemania en Maracaibo. “Aquí en Maracaibo fue donde Johannes conoció a la acomodada familia Baldó Jara, quienes vinieron desde el Táchira a establecerse en 1875 y comercializar sus cosechas. Johannes se enamoró y luego se casaría con Amelia Baldó Jara en 1888”, apuntó Nagel. El matrimonio tuvo 9 hijos. Carlos (presentado en Santa Lucía como Karl Otto) fue el quinto nacimiento luego de Amelia Sofía, Enriqueta, María Luisa Trinidad e Inés Sofía. En la capital zuliana nació posteriormente Elsa. A pesar de la actividad comercial de Maracaibo, era en Caracas donde se cerraban los trámites de exportación, lo que motivó a la familia Meyer Baldó a mudarse en 1899. Ahí nacieron Sofía, Ana Teresa y Enrique. Carlos tenía 4 años. El contrato de Johannes con la Steinvorth vencía en 1910, pero ya en 1908 decidió, junto con su familia, migrar a Alemania. Se establecen en Hamburgo. El patriarca realiza algunos viajes, sin acompañantes, a Venezuela hasta 1910. Se retira del negocio y adquiere una propiedad en su país. Carlos era un adolescente de 15 años y entre sus gustos figuraban la natación y la fotografía. Culminó su educación en 1914, pero continuaba su instrucción deportiva ahora entre la gimnasia y el fútbol. El 28 de julio estalló la Gran Guerra. Meyer se ofreció como voluntario y va a la escuela de Caballería de Wandsbeck, de donde fue rechazado por su origen latino. Luego, junto a su padre, demostró ser también alemán. “Meyer entró como soldado al Ejército y fue asignado al Noveno Regimiento de Dragones. Era buen jinete, aprendió a conocer el armamento, las tácticas militares. Luchó en el frente oriental contra los rusos. Era uno de los 180 mil hombres en servicio”, destacó Clemente Balladares, autor del libro “El teniente Carlos Meyer Baldó, un venezolano en el Circo Volante del Barón Rojo”. “La aviación militar de combate no existía (solo la de observación). Meyer cumplió 20 años en 1915 y continuaba luchando en el frente oriental. Debido a sus logros, fue ascendido a teniente de reserva y condecorado con la Cruz Hanseática”, explicó Balladares. “No fue sino hasta mediados de 1916 cuando Meyer es seducido por las aeronaves. Enseguida solicita ingresar a la escuela de aviación”, añadió el escritor. Fue así como Meyer comenzó a hacerse un historial de valentía en servicio de la aviación militar alemana; eran aparatos de madera que no superaban los 100 kilómetros por hora. Se comenzaron a usar con fines de reconocimiento y luego con ametralladoras. Tras los combates de esos primeros meses, nombres como los del alemán Oswald Böelcke, quien logró 40 derribos confirmados, se convirtieron en leyenda. Era un ejemplo a seguir para Meyer. El entrenamiento de Meyer culminó en enero de 1917. Fue enviado al Escuadrón de Reconocimiento de Artillería Flieger Abteilung 201 en donde inició misiones ahora en el frente occidental. “En ese entonces, los vuelos de reconocimiento con cámaras fotográficas eran una novedad. Meyer volaba lo más bajo posible para que su compañero tomara las mejores fotos, era muy arriesgado, pero lo hacía. Su avión volvía a la base como un colador de tantos impactos de bala. Nunca sufrió heridas, ni ninguno de sus observadores. Eso le valió una mención especial del comandante de la 15ª División de Infantería y la Cruz de Hierro en su segunda clase”, apuntó el investigador Darío Silva. “Meyer continuó en el escuadrón de reconocimiento, pero ya en junio de 1917 su nombre era conocido por Manfred von Richthofen, quien luego pasó a conocerse como ‘El Barón Rojo’. Él comandaba el escuadrón Jasta 11 y lo llamó para que integrara sus filas. Meyer se estaba codeando con los mejores pilotos militares del mundo, entre ellos los hermanos Richthofen, Ernst Udet y Hermann Göering, era el ‘Escuadrón de los Elegidos’. Luego, en julio, llegaría el primer derribo por el cual se le confirió la Copa de Honor al Vencedor en Combates Aéreos”, acotó Silva.

Meyer luce su uniforme militar al ser enviado, en 1915, al Noveno Regimiento de Dragones del Ejército, en Alemania.   

“El Barón Rojo” logró 80 victorias en la guerra y fue conocido así luego que decidiera pintar sus aviones de color rojo desde enero de 1917, además de su origen nobiliario. El 3 de septiembre de 1917, Meyer escoltaba al “Barón Rojo” al sur de Bousbecque, (Francia). Richthofen volaba en un nuevo prototipo de avión triplano mientras era resguardado por el piloto zuliano. En el horizonte aparecieron cuatro aviones ingleses. Richthofen tomó la iniciativa entre los pilotos germanos y fue en busca del enemigo, Meyer lo cubrió el medio del ataque. Una ráfaga de Richthofen hizo que uno de los aviones cayera y se estrellara contra un árbol, fue la victoria 60 del “Barón Rojo” mientras era protegido por Meyer. El escuadrón Jasta 11 donde estuvo asignado Meyer culminó la guerra con 350 derribos, fueron los más exitosos. Ya en diciembre de ese mismo año, Meyer partió a otro escuadrón, el Jasta 4 que junto al 11, el 10 y el 6 conformarían el “Circo Volante de Richthofen”. Ya en el Jasta 4, o también conocido como “El Escuadrón Negro” por una banda negra en espiral que estaba pintada en el fuselaje, Meyer continuó con sus labores de patrullaje y prueba de nuevos prototipos. Su compañero Richthofen fue derribado en abril de 1918 a los 25 años, lo que dejó marcado a todos los pilotos alemanes. Pero Meyer se repuso y ya el 28 de junio de 1918 alcanzó su segundo derribo confirmado, fue en la zona conocida como Corcy. La víctima fue un piloto francés de nombre René Montrion con 11 derribos. Meyer hizo del Jasta 4 su escuadrón más exitoso: su tercer derribo ocurrió el 15 de julio ante un avión Spad francés. La cuarta victoria ocurriría tres días después ante un Camel inglés, pero no logró confirmarse ante la cercanía de artillería enemiga. Sin embargo, sí se acredita el cuarto derribo. El 19 de septiembre, Meyer es llamado para ser instructor de nuevo esta vez en la escuela de instrucción de combate aéreo JastaSchule II, en Nivelles (Bélgica). Se acercaba el fin de la guerra. El 11 de noviembre de 1918, Alemania firma el armisticio de Rethondes lo que decreta la victoria de los aliados en el conflicto que se extendió por 4 años y que dejó casi 10 millones de combatientes muertos. Carlos retornó a su hogar en Wansbeck y tomó las riendas del negocio cafetalero, pero la situación económica no era favorable. Su padre Johannes, ya con 60 años, estaba bastante enfermo y murió en diciembre de 1921. En 1926 Meyer decide regresar a Venezuela. Sin embargo, el país ya no dependía del café sino de una materia prima más codiciada: el petróleo. Se estableció junto con la familia de su madre y estuvo a cargo de varios negocios. Venezuela era gobernada por Juan Vicente Gómez y su hijo, Florencio Gómez Núñez, fue uno de los forjadores, en 1920, del cuerpo aéreo del Ejército venezolano. Fue cuestión de tiempo para que ambos se conocieran. En 1927 un nuevo piloto se unió a los inmortales de la aviación mundial, pero esta vez fue en la civil. Charles Lindbergh cruzó el océano Atlántico sin escala a bordo del “El Espíritu de San Luis”. Meyer renovó su deseo de volar en 1931. Su intención se capitalizó cuando visitó a Florencio en su oficina de Maracay y le reveló sus planes de surcar los cielos venezolanos. El dictador Gómez conoció la petición y la aprobó para su ingreso al cuerpo aéreo nacional. Meyer tenía 14 años sin volar y a Gómez le pareció mejor enviarlo a Nueva York para actualizar conocimientos. A finales de año volvió y presentó un informe titulado “Viaje de estudios”, es designado como subinspector e instructor, además se le reconoció el título de teniente alcanzado en Alemania. Los Gómez preferían contar con Meyer como ejemplo para los aviadores venezolanos y que no volara ya a sus 37 años. Carlos los convenció para volar aviones no militares. El 27 de noviembre de 1933, Meyer alzó vuelo en Maracay junto con el mecánico Héctor Arias en un viejo modelo Stearman. Efectuó varias maniobras, el aparato no soportó las piruetas del venezolano y se rompió una de sus alas. La aeronave entró en barrena y cayó en espiral sobre lo que es hoy Las Delicias. Meyer tenía 38 años. La noticia de su muerte llegó hasta el Gobierno alemán que para ese entonces era del partido Nazi. El ministro de la aviación alemana, Hermann Göering, quien fue su “Kamerad” y último comandante en el “Circo Volante”, delegó una comisión a Venezuela. Partió así el zuliano Carlos Meyer hacia su último vuelo. Sus cuatro derribos confirmados y otros tres que no lograron certificarse lo convirtieron en As. Actualmente se busca reconocer un quinto derribo que está en el diario de guerra del “Circo Volante”. “El legado de Meyer es y seguirá siendo muy importante para los pilotos militares venezolanos. Sus logros son un ejemplo de dedicación y pasión por la aviación militar. Muchos lo han tomado como ejemplo. De hecho, una de las condecoraciones de más alto prestigio dentro de la Aviación Militar Venezolana es la Orden al Mérito Carlos Meyer Baldó”, apuntó el coronel Juan Flores Blanco, exdirector del Museo Aeronáutico de Maracay. Los restos de Meyer descansan en el Cementerio General del Sur en Caracas, el Teatro de la Base Aérea Rafael Urdaneta (Baru), en Maracaibo, lleva su nombre y un busto en su honor fue develado en Maracay. No dejó hijos. El espíritu aventurero de Meyer no se extinguió. Se enorgullecía, entre los alemanes, de su origen latino lo que lo llevó a defender a sus dos patrias y surcar en un vuelo infinito los cielos de la guerra.