De aquel encanto que hizo famosa a Santa Rosa de Agua en toda Venezuela solo queda el recuerdo. Al recorrer sus callejuelas de tablas y ver las aguas del Lago a través de ellas, la mente se remonta inevitablemente a aquellos tiempos de esplendor cuando los palafitos, sembrados en plena costa de Maracaibo, deleitaban al visitante con su singular belleza. La música típica y folclórica atraían al turista.
Hoy todo es totalmente distinto. Contemplarlo da tristeza, sobre todo a quienes tuvieron la dicha de conocer a este emporio turístico por excelencia en sus mejores días, generador de trabajo y bienestar a sus habitantes.
Varas de mangle deteriorado y enea desprendiéndose por acción del viento y el tiempo es lo que queda de aquellos famosos restaurantes, que fueron el deleite de los paladares más exigentes en materia de platillos a base de pescado. Algunos todavía se esfuerzan en mantener viva esa estampa, pero la afluencia ha bajado a su mínima expresión y solo los osados se atreven a ir a comer a Santa Rosa.
El popular restaurante de “Pateto”, reconocido a nivel nacional por la exquisita gastronomía que allí se servía, desapareció y solo queda el aviso donde existió.
“Hay muchos factores que influyeron para que la situación llegara a lo que hoy tenemos, pero el principal fue la inseguridad. Los atracos, robos y hurtos alejaron a los turistas que difícilmente regresarán pues no tienen garantía de disfrutar tranquilos lo poco que se puede ofrecer”, relata un comerciante del sector que prefirió no identificarse.
La basura en caños es otro factor que afea el ambiente. A la entrada, por la plaza Américo Vespucio,montones de botellas plásticas, bolsas y desperdicios dan la bienvenida al visitante. “Los organismos oficiales solo hacen limpieza cada dos meses y el habitante inconsciente contribuye al espectáculo lanzando sus desechos al lago”, deplora Alexis Nava, habitante de San Rosa.
Sin embargo, no todo es negativo. La misión Vivienda Venezuela está construyendo casas y muchas familias disfrutan de nuevos hogares cuya estructura guarda la tradicional fisonomía ancestral añú, etnia original de este poblado palafítico.
“Ahora vivo mejor. Me gusta mi casa nueva y mis hijos tienen un hogar digno donde crecer”, declaró Delia González quien llegó a Santa Rosa para casarse hace 10 años desde la Laguna de Sinamaica.
En cuanto a la reactivación del turismo Abrahan Morán, vocero ejecutivo de la Comuna añú Santa Rosa de Agua, señaló que se han introducido varios proyectos ante los organismos competentes para promover, no solo el turismo, sino para canalizar el desarrollo general de este lugar en lo social y económico.
“El plan más ambicioso que presentamos es la construcción de un muelle lacustre con embarcaciones de paseo para los visitantes y una ruta de acceso a los atractivos turísticos más cercanos”, apuntó Morán.
Admitió que falta mucho “para alcanzar ese sueño porque también estamos luchando para crear conciencia en nuestros habitantes acerca de lo que tenemos en las manos para cuidarlo y desarrollarlo, pero seguimos encaminados hacia ello”, afirmó.
A pesar de todo Santa Rosa mantiene la originalidad y aunque las décimas de los cantores Miguel y “Chevoche” ya no se escuchen, sus habitantes siguen soñando con el regreso de aquellos tiempos entre olvido y esperanza.