Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de ancho impactó en la península de Yucatán, en México, y provocó una de las…
Hace aproximadamente 66 millones de años, un asteroide de unos 10 kilómetros de ancho impactó en la península de Yucatán, en México, y provocó una de las mayores crisis biológicas conocidas: desaparecieron tres cuartas partes de las plantas y los animales de entonces, incluidos todos los dinosaurios no aviarios.
Ahora, nuevas evidencias apuntan a que aquel choque no solo dejó destrucción. También habría creado un entorno subterráneo favorable para la vida microbiana durante millones de años, en un proceso que funcionó como una especie de sopa primigenia bajo el cráter de Chicxulub.
Un sistema hidrotermal más duradero de lo que se creía
Un equipo internacional de científicos analizó muestras de roca extraídas del cráter y las combinó con modelos computacionales sobre el comportamiento geológico del impacto. La conclusión es que el calor liberado fue tan intenso que fundió rocas, las cuales se encontraron con el agua caliente del golfo de México.
De esa interacción surgió un material poroso, lleno de pequeños bolsillos de agua, un ambiente especialmente favorable para la proliferación de vida microbiana. Estudios previos ya habían planteado la existencia de un sistema hidrotermal en esa zona, pero con métodos menos avanzados se había subestimado su duración.
En un principio se pensó que ese sistema pudo mantenerse activo durante unos 2 millones de años. Sin embargo, los nuevos análisis indican que sobrevivió durante 8 millones de años, cuatro veces más de lo estimado.
El papel de la Expedición 364
En 2016, durante la Expedición 364, un grupo de científicos trabajó en el cráter Chicxulub, de unos 200 kilómetros de diámetro, para estudiar el rastro del impacto. Entre las muestras recogidas había un feldespato muy rico en potasio, una roca habitual en sistemas hidrotermales como el generado tras la colisión.
Gracias a la técnica de datación argón-argón, se determinó que ese feldespato se formó en el cráter desde hace 66 millones de años hasta hace 58 millones de años. Ese intervalo confirma la existencia de un sistema hidrotermal activo durante 8 millones de años.
Las condiciones que favorecieron el fenómeno
Los impactos de este tipo son extremadamente poco frecuentes, y todavía más raro es que den lugar a sistemas hidrotermales tan prolongados. De hecho, no se conoce ninguno tan extenso originado por un impacto. Por eso, los modelos informáticos permitieron identificar qué condiciones hicieron posible este proceso.
La combinación de los datos de la Expedición 364 con información geológica de modelizaciones anteriores permitió establecer tres factores clave: la alta permeabilidad de la roca, el calor sostenido generado por el impacto y las condiciones geotérmicas naturales del lugar.
Implicaciones para el origen de la vida
Este tipo de hallazgos resulta útil por dos razones. En primer lugar, aporta información sobre cómo pudo formarse la vida en la Tierra primitiva. En segundo término, ayuda a entender cómo podrían originarse formas de vida en otros planetas, donde las colisiones de este tipo son mucho más habituales.
La búsqueda de vida fuera de la Tierra no depende solo de ubicar planetas dentro de su zona de habitabilidad, es decir, a la distancia adecuada de su estrella para que exista agua líquida. También hay otros factores que pueden influir. Con estos resultados, los cráteres de impacto se consolidan como puntos de interés para buscar posibles entornos donde la vida pueda surgir o mantenerse.