Ciencia y Tecnología

La Revolución Industrial consolidó la costumbre de hacer tres comidas al día

La rutina de desayunar, almorzar y cenar está tan incorporada a la vida diaria que suele asumirse como una necesidad biológica. Sin embargo, la historia y…

La rutina de desayunar, almorzar y cenar está tan incorporada a la vida diaria que suele asumirse como una necesidad biológica. Sin embargo, la historia y la ciencia indican que no existe una regla universal que obligue a comer tres veces al día: ese patrón se fue imponiendo con el paso del tiempo, en paralelo con los cambios laborales y sociales de la industrialización.

Un hábito que se fue formando con la vida urbana

Durante siglos, en países como Inglaterra y Estados Unidos, buena parte de la población hacía solo dos comidas principales al día. Fue con la expansión del trabajo asalariado, las fábricas y los horarios escolares cuando comenzó a resultar más práctico organizar el día en tres tiempos regulares.

La transformación no ocurrió de forma idéntica ni al mismo tiempo en todos los lugares. En las zonas rurales de Europa, por ejemplo, la comida principal solía estar ligada al mediodía, mientras que la cena nocturna, entendida como la comida familiar más importante, apareció mucho después de lo que suele pensarse.

Por eso, más que afirmar que la Revolución Industrial “inventó” las tres comidas, conviene entender que ese esquema se consolidó gradualmente, dependiendo del país y de la clase social. Un estudio publicado en la revista Annals of Nutrition and Metabolism señala que los patrones alimentarios europeos cambiaron a partir de esas transformaciones económicas y sociales.

Lo que dice la fisiología

Desde el punto de vista médico, tampoco hay una base sólida para sostener que exista un número fijo de comidas válido para todo el mundo. Una revisión publicada en Nutrients en 2022 concluyó que la evidencia disponible sobre la frecuencia de las comidas es limitada y heterogénea, por lo que no permite establecer una regla universal.

Algunos ensayos han mostrado que reducir la frecuencia de las comidas, incluso sin disminuir las calorías, puede modificar ciertos marcadores metabólicos. No obstante, eso no demuestra que haya una cantidad ideal de ingestas aplicable a todas las personas. En esa misma línea, el estudio poblacional EPIC-Norfolk encontró una relación entre la frecuencia de las comidas y los niveles de colesterol sérico, lo que recuerda que comer más veces no implica automáticamente tener mejor salud.

El horario también influye

Más allá de cuántas veces se come, el momento del día en que se distribuyen los alimentos también importa. Un metaanálisis publicado en JAMA indica que la hora y la distribución de las comidas pueden influir en el peso y el metabolismo, aunque eso no equivale a defender una frecuencia concreta como norma general.

La cronobiología nutricional apunta además a que el reloj interno del organismo cumple un papel relevante. En algunos estudios, comer en la mañana se asocia con un mejor perfil metabólico, mientras que hacerlo de noche o de forma irregular se vincula con resultados menos favorables.

También se ha observado que mantener hábitos alimentarios irregulares durante la adolescencia puede relacionarse con una peor salud cardiometabólica en la adultez. En conjunto, la evidencia sugiere que el orden y el horario de las comidas pueden ser tan importantes como la cantidad de veces que se come al día.

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