Una semana después del doble sismo que sacudió a La Guaira, Venezuela sigue atrapada entre la búsqueda de sobrevivientes y la necesidad de enterrar a sus muertos. El drama se repite entre edificios derruidos, campamentos improvisados y familias que aún esperan noticias de los suyos.
El reporte de elpais.com describe una ciudad en la que el duelo no termina de empezar porque todavía hay personas sin ubicar, cadáveres por identificar y estructuras que no permiten un rescate seguro.
Una semana de espera entre ruinas y silencio
Francisco Pérez pasa los días frente a un edificio colapsado donde cree que quedó atrapado el vehículo de Nancy Rojas, de 67 años, a quien trataba como su madre y que era su jefa. Dice que llegó a escuchar golpes desde debajo de los escombros y que eso le hizo pensar que seguía con vida.
Pero el paso de las horas cambió la esperanza por otra urgencia: recuperar un cuerpo y darle sepultura. El riesgo de mover bloques en una estructura comprometida volvió imposible cualquier intento de rescate.
La escena se repite en distintos puntos de La Guaira. De madrugada, cuando baja el ruido, rescatistas y vecinos intentan oír golpes o voces bajo los escombros. Mientras tanto, colchones, campamentos y el olor a cadáver marcan el paisaje de una emergencia que aún no cede.
Las cifras que dibujan la magnitud de la tragedia
Tras decretarse una semana de luto nacional, las autoridades sumaron 2.295 muertos y 11.267 heridos. Jorge Rodríguez deslizó luego que podría haber 10.000 fallecidos.
La plataforma impulsada por María Corina Machado reporta 40.668 personas registradas como “sin contacto” con sus familiares. Además, se contabilizan 855 edificios afectados, 189 de ellos con colapso total.
El duelo también tropieza con obstáculos prácticos: morgues improvisadas, trámites, identificación por pertenencias o tatuajes y cremaciones que no pueden esperar. Para muchas familias, incluso tener un cuerpo no significa aún poder despedirse con certeza.
En ese contexto, quienes esperan por un rescate o por una recuperación siguen aferrados a una misma idea: encontrar a los suyos, enterrarlos con dignidad y luego intentar seguir adelante.
