El complejo de fábricas que está construyendo TSMC en el estado de Arizona avanza con la previsión de operar plantas en los nodos N4, N3 y N2 hacia finales de esta década. Estas instalaciones buscan reducir la dependencia estadounidense de los semiconductores procedentes de Asia, permitiendo a la compañía responder con mayor eficacia a la enorme demanda de circuitos integrados para aplicaciones de inteligencia artificial y diversificar su infraestructura fuera de Taiwán.

El atractivo industrial de Texas

El estado de Texas cuenta con un ecosistema maduro de fabricación de semiconductores gracias a la presencia de plantas en ciudades como Austin, Taylor, Dallas, Richardson y Sherman operadas por firmas como Samsung y Texas Instruments. Este entramado industrial ha propiciado una cadena de suministro robusta que resulta sumamente atractiva para la expansión de la empresa taiwanesa.

Según informes adelantados por Bloomberg y DigiTimes, la iniciativa requeriría decenas de miles de millones de inversión para levantar varias fábricas de circuitos integrados. No obstante, la viabilidad del proyecto depende en gran medida de la continuidad de incentivos fiscales gubernamentales, como el crédito aprobado por el Congreso estadounidense.

La situación de Europa frente a Estados Unidos

Mientras se consolida la apuesta en Norteamérica, la presencia de la compañía en Europa se concentra en Dresde, en el estado de Sajonia, Alemania, con una planta que costará algo más de 10.000 millones de euros. Esta instalación funciona bajo un modelo de empresa conjunta donde participan otros actores industriales europeos, mientras que por el momento no existen indicios de una mayor expansión de la infraestructura de TSMC en la región europea.