Google ha enviado uno de sus microprocesadores de inteligencia artificial al espacio por primera vez. Un cohete Falcon 9 despegó desde California portando un satélite con una TPU de Google a bordo, marcando el inicio del primer experimento en órbita del Proyecto Suncatcher, la iniciativa de la empresa para trasladar sus centros de datos fuera de la Tierra.
Los desafíos de la computación orbital
Ante la elevada demanda energética y la oposición local que enfrentan los centros de datos terrestres, las grandes empresas tecnológicas evalúan su viabilidad en el espacio. Sin embargo, persisten dudas sobre el comportamiento del hardware en órbita. Este vuelo experimental, recogido por un reporte de Scientific American, busca determinar si una TPU puede recibir energía continua, mantenerse refrigerada y ejecutar modelos sin fallos.
Travis Beals, director senior del Proyecto Suncatcher, confirmó el establecimiento de contacto con el dispositivo. Según una comunicación citada por la CNBC, los equipos técnicos comprobaron que el satélite opera según lo previsto, encendiendo el componente de forma intermitente para prevenir sobrecalentamientos.
Pruebas de radiación y costes futuros
Uno de los mayores retos es la radiación espacial. Para simular estas condiciones, Google expuso previamente los procesadores a un haz de protones en la Universidad de California en Davis. No obstante, las pruebas debieron ajustarse tras verificar que el montaje original blindaba los componentes en exceso. Como cuenta TechCrunch, la tasa de error para consultas típicas se sitúa en torno a uno entre un millón, un margen manejable para la inferencia diaria, aunque complejo para procesos masivos de entrenamiento.
La rentabilidad de la iniciativa depende de un abaratamiento drástico en los costes de lanzamiento. Google proyecta que los precios de transporte espacial desciendan hasta los 200 dólares por kilogramo para 2035, condicionados a que la flota de cohetes incremente drásticamente su frecuencia anual de vuelo.



