Los relojes inteligentes pueden medir la frecuencia cardíaca, el oxígeno en sangre, la calidad del sueño y otros parámetros. También pueden mostrar algo llamativo: registrar “pulso” cuando se colocan sobre una fruta. Esa lectura no significa que el dispositivo esté fallando ni que sea menos preciso para monitorear la salud.
Cómo funcionan sus sensores
La explicación está en la forma en que estos relojes toman las mediciones. Los smartwatch usan una técnica óptica que proyecta luz sobre la piel y analiza cómo esa luz se absorbe y se refleja en los tejidos. Un fotodetector recoge esas variaciones y el sistema las convierte en ondas que representan los latidos del corazón.
Ese procedimiento se conoce como fotopletismografía, o PPG por sus siglas en inglés. Es la base de funciones como el monitor de frecuencia cardíaca y el oxímetro de pulso, además de otras estimaciones relacionadas con la salud, entre ellas el sueño.

Por qué también ocurre en una fruta
Cuando un reloj inteligente se coloca sobre un limón o una manzana, sigue proyectando luz y captando señales ópticas. En ese caso, el dispositivo no está leyendo un pulso real, sino respuestas de los tejidos de la fruta, con fibras y canales por donde circula el agua. Esas señales pueden ser lo bastante constantes para que el reloj las interprete como pulsaciones.
En una demostración divulgada por La Razón, relojes inteligentes colocados sobre un limón y una manzana llegaron a registrar hasta 65 y 105 pulsaciones por minuto, respectivamente. La lectura aparece porque el software del dispositivo procesa las señales que recibe y, si encuentra patrones compatibles con su calibración, puede mostrarlos como si provinieran de un cuerpo humano.
En otras palabras, el reloj no distingue si está sobre una muñeca o sobre una fruta. Si detecta absorción y reflexión de la luz dentro de los parámetros que espera, intenta completar la medición. Por eso esta curiosidad no apunta a una falla del aparato, sino a la manera en que operan sus sensores y algoritmos.
