Los inversionistas que aportan capital a las firmas de riesgo, conocidos como socios limitados, están viviendo un momento inusual: ven una oportunidad de ganancia extraordinaria en la inteligencia artificial, pero también observan señales de tensión por la rapidez con la que se están moviendo los fondos y las valoraciones.

En la práctica, muchos de esos inversionistas han terminado expuestos a las mismas apuestas, especialmente OpenAI y Anthropic, algo que rompe con la costumbre de diversificar entre múltiples firmas y estrategias. Aun así, quienes participaron en la conversación citada en esta nota describen ese movimiento como una concentración que, por ahora, responde a la lógica del negocio del capital de riesgo.

La IA concentró las apuestas y cambió el riesgo

Beezer Clarkson, de LGT Capital Partners, y Amit Bhatti, de TrueBridge, coinciden en que el dinero se ha acumulado en muy pocas compañías de alto perfil. Bhatti sostiene que esa concentración es parte natural de un sector donde pocas apuestas explican gran parte de los retornos. También dice que en fondos maduros ya es normal ver menos posiciones pequeñas y más dinero concentrado en nombres grandes como Databricks, SpaceX y Stripe.

La diferencia, según ambos, no está solo en la concentración sino en la velocidad. Clarkson advierte que el ciclo de despliegue de capital se ha comprimido y que algunos fondos están invirtiendo en apenas 12 meses, cuando lo usual era un rango de 24 a 36 meses. Bhatti describe ese ritmo como una “luz amarilla” y admite que genera incomodidad entre algunos inversionistas.

Los dos coinciden, sin embargo, en que el tipo de compañías que hoy atrae dinero no se parece al de otras etapas del mercado. Bhatti compara el momento actual con ciclos previos marcados por apuestas mucho más especulativas y dice que ahora hay empresas que pasan de cero a 100 millones de dólares en ingresos, algo que antes era impensable.

Más liquidez, menos tabú y más presión por devolver capital

Otro cambio importante es la salida del dinero. Clarkson y Bhatti explican que la liquidez ya no depende solo de una oferta pública inicial. Hoy también cuentan las fusiones y adquisiciones y las ventas secundarias, que permiten a inversionistas y fondos vender parte de sus participaciones antes de una salida tradicional.

Bhatti describe las secundarias como “la tercera pata” de la liquidez. Dice que antes vender participaciones en una firma de riesgo era visto casi como una señal de dificultad, pero que ahora se usa con más criterio. Según él, si una participación ya devolvió el dinero del fondo, vender una parte puede ser razonable. Clarkson añade que esa flexibilidad es útil porque el ecosistema necesita opciones de liquidez y no puede depender de esperar décadas por una salida pública.

En paralelo, los socios limitados también sienten presión por el calendario de aportes. Clarkson señala que retirarse de un gerente y luego volver es difícil, por lo que muchos prefieren reducir el tamaño de sus compromisos antes que desaparecer por completo. Bhatti dice que varios inversionistas están ajustando de antemano sus calendarios de compromisos para no quedar fuera de ritmo cuando un gestor regrese a pedir más capital.

Ambos reconocen que esta dinámica pone presión sobre los fondos más recientes, incluidos los que fueron levantados durante la pandemia y se comprometieron a valoraciones muy altas. Bhatti admite que no apostaría a que esa camada de fondos sea la mejor de la historia, aunque sí cree que de allí saldrán algunos ganadores importantes.

Los dos inversionistas también ven un efecto de largo plazo en el ecosistema: empleados y fundadores que hoy ganan liquidez podrían convertirse mañana en inversionistas, socios de nuevos fondos o fundadores de otras compañías. Ese relevo, dicen, podría alimentar una nueva generación de firmas de capital de riesgo.

El crecimiento del sector también tensó los ciclos de financiamiento

La conversación deja otra señal de fondo: los gestores están volviendo al mercado con más rapidez. Clarkson dice que ya se ven fondos en ciclos de un año, algo que considera acelerado. Bhatti agrega que hay gestores que incluso aumentan el tamaño de sus fondos a mitad de camino porque las rondas se han hecho más grandes y porque una sola inversión puede absorber una porción muy alta del portafolio.

Para ambos, ese comportamiento no implica un colapso inmediato, pero sí obliga a mirar con cautela el ritmo del mercado. En su lectura, el capital de riesgo sigue generando oportunidades grandes, aunque ahora exige más disciplina, más atención al calendario de inversión y más cuidado con la concentración en muy pocas compañías.

Al final, la foto que dejan es la de un ecosistema con mucho entusiasmo, mucha liquidez potencial y también más presión de la habitual. El dinero que financia a las firmas de riesgo parece estar dispuesto a seguir apostando, pero ya no lo hace con la misma comodidad de antes.