En el sector tecnológico se está dando una paradoja difícil de ignorar: varias compañías reportan ganancias y facturación récord mientras despiden a…
En el sector tecnológico se está dando una paradoja difícil de ignorar: varias compañías reportan ganancias y facturación récord mientras despiden a decenas de miles de trabajadores y presentan la inteligencia artificial como explicación oficial. El contraste ha alimentado el escepticismo y ha abierto dudas sobre si la IA es realmente la causa de los recortes o una justificación útil para decisiones que responden a otros problemas empresariales.
TrueUp, una plataforma de empleo y reclutamiento tecnológico que también opera uno de los registros de despidos más citados del sector, estima que en lo que va de año se han producido 363 rondas de recortes en empresas tecnológicas, con un impacto cercano a 150.000 personas. Eso equivale a unas 974 personas despedidas por día y representa un ritmo 44% más rápido que el del año pasado.
La tendencia, además, parece acelerarse. El mes pasado, los despidos tecnológicos alcanzaron su nivel más alto en un solo mes en dos años, con casi 40.000 recortes. Al mismo tiempo, Challenger, Grey & Christmas indicó que la IA fue la razón más mencionada para los despidos en todos los sectores durante tres meses seguidos.
La IA como explicación y el creciente escepticismo
Uno de los casos que más debate generó fue el de Block, la empresa de pagos dirigida por Jack Dorsey. Tras las críticas por haber reducido casi a la mitad la plantilla a comienzos de este año, Dorsey negó que los recortes reflejaran problemas internos y defendió que las herramientas de IA están permitiendo una nueva forma de trabajo que cambia de manera profunda lo que significa construir y operar una empresa. Más tarde, ante comentarios en X sobre el crecimiento excesivo que había tenido la compañía durante la pandemia, terminó admitiendo que Block había contratado por encima de sus necesidades.
Otras voces influyentes del ecosistema tecnológico también han empezado a cuestionar el relato dominante. El inversionista y capitalista de riesgo Marc Andreessen calificó la IA como la “excusa de bala de plata” para despidos que, en algunos casos, estarían más relacionados con mala gestión. En una conversación con el podcaster e inversionista Harry Stebbings, sostuvo que las grandes empresas están sobredimensionadas, al menos en 25%, y afirmó que muchas lo están en 50% o incluso 75%.
Fortunas instantáneas en el mundo de la IA
Lo que vuelve más explosivo el momento actual es que, mientras decenas de miles de trabajadores reciben la notificación de despido, un grupo reducido de protagonistas vinculados a la IA está acumulando riqueza a una escala difícil de asimilar.
A comienzos del mes pasado, la fabricante de chips para IA Cerebras Systems cerró su primera jornada en Nasdaq con una subida de 68% frente a su precio de salida a bolsa de 185 dólares por acción. Eso llevó su capitalización bursátil a unos 67.000 millones de dólares, el mayor debut bursátil de una empresa tecnológica estadounidense desde la salida a bolsa de Snowflake en 2020. Al cierre de esa jornada, sus cofundadores Andrew Feldman y Sean Lie ya eran billonarios. Luego, las acciones de la empresa han caído 30%.
SpaceX, por su parte, salió a bolsa el viernes y, al momento de esta redacción, tiene una valoración de 2,1 billones de dólares, lo que convirtió a Elon Musk en un multimillonario de papel y podría haber creado alrededor de 4.400 millonarios y unos 400 centimillonarios, si las acciones no caen. Anthropic y OpenAI también avanzan rápidamente hacia el mercado público, ambas con valoraciones cercanas a 1 billón de dólares o más.
Los efectos de ese auge ya se sienten en lugares como San Francisco, hoy sede de decenas de compañías de IA, entre ellas los grandes laboratorios del sector. Allí, las viviendas de gama alta se venden con frecuencia por millones de dólares por encima del precio solicitado.
En paralelo, Mark Zuckerberg compró a comienzos de marzo una mansión de 170 millones de dólares en el llamado “Billionaire Bunker” de Miami, con lo que fijó el récord de la venta residencial más cara en la historia del condado de Miami-Dade. Dos meses después, Meta anunció el despido de 8.000 personas, o cerca del 10% de su fuerza laboral.
Una economía más dura para quienes pierden el empleo
Las cifras de los directivos y de las empresas tecnológicas contrastan con un contexto económico cada vez más exigente para buena parte de la población en Estados Unidos. Los trabajadores con seguro médico patrocinado por sus empleadores enfrentan este año aumentos de entre 6% y 7% en sus primas, más del doble de la inflación. El costo del seguro médico privado prácticamente se ha duplicado desde 2008, mientras que el precio mediano de las viviendas ha subido 28% desde inicios de 2020 y las tasas hipotecarias casi se han duplicado.
En una encuesta de enero de 2026 realizada por New York Times/Siena, 65% de los votantes dijo que mantener un estilo de vida de clase media está fuera de alcance. En un sondeo más reciente, 76% de los estadounidenses señaló el costo de vida como su principal preocupación económica, frente al 58% de un año antes.
El problema, por tanto, va más allá de la pérdida de empleos de manera aislada. Se trata de decenas de miles de trabajadores despedidos que caen en un entorno de costos especialmente hostil, al mismo tiempo que una pequeña élite del mundo de la IA está viendo materializarse fortunas de papel de una generación, mientras se les dice que precisamente la IA es la razón de su salida.
Incluso si esa no fuera la explicación real —varios economistas apuntan en cambio a los aranceles, la guerra en Medio Oriente y la incertidumbre económica más amplia como factores que están llevando a las empresas a actuar con cautela—, la percepción pública sigue siendo la misma: un grupo se enriquece de forma extraordinaria gracias a los avances que, supuestamente, están reemplazando a otro.
Un malestar que recuerda otros momentos
No hace falta buscar demasiado para encontrar antecedentes de lo que puede ocurrir cuando esa brecha se vuelve demasiado grande. En 2008, una crisis financiera que comenzó con préstamos laxos y apuestas excesivas en Wall Street terminó con rescates para los bancos que la provocaron, mientras millones de estadounidenses perdían sus empleos y sus viviendas durante la Gran Recesión. Tres años después, ese enojo desembocó en Occupy Wall Street.
El escenario actual podría resultar todavía más delicado. Occupy Wall Street nació de una crisis y la rabia pública giraba, en el fondo, en torno a quién pagaba la limpieza del desastre. Esta vez no hay un colapso financiero evidente al que apuntar. Las empresas siguen siendo rentables, la IA está generando una nueva clase de fortunas de un día para otro y, aun así, los despidos continúan con la IA como argumento central.
Si en 2008 el mensaje fue, en esencia, “rescataron a quienes dañaron la economía mientras usted pierde su trabajo”, en este caso la lectura podría terminar siendo aún más corrosiva: “nos estamos enriqueciendo como nunca gracias a la misma tecnología que estamos usando para reemplazarlo”.
Varias compañías —entre ellas Block, Atlassian y Cloudflare— han visto subir sus acciones cuando señalan a la IA como motivo de los recortes, así que la estrategia parece funcionar en el corto plazo. Aun así, queda por ver si ese es realmente el mensaje que quieren enviar a quienes despiden y a una audiencia que, cada vez más, observa la escena con desconfianza.