La fragmentación ha sido históricamente uno de los puntos más débiles de Android, afectando la experiencia del usuario según el terminal. Aunque Google dedicó años a resolver este inconveniente mediante iniciativas como Project Treble o Project Mainline —permitiendo enviar actualizaciones de componentes centrales directamente a través de la Play Store—, la irrupción de la inteligencia artificial amenaza con desestabilizar nuevamente el ecosistema.
El despliegue desigual de Gemini Nano
El sistema AICore permite a Gemini Nano funcionar utilizando el hardware local del teléfono para tareas sencillas sin conexión a internet. Sin embargo, el despliegue de sus distintas versiones ha generado discrepancias notables entre dispositivos que comparten características técnicas similares. Por ejemplo, el Samsung Galaxy S26 y el Z Fold 8 comparten el mismo procesador Snapdragon 8 Elite Gen 5, pero el primero se lanzó con Nano v3 mientras que los plegables lo hicieron con Nano v4.
Un caso similar ocurrió con el Pixel 9, que pese a contar con suficiente memoria RAM y un chip potente, quedó inicialmente excluido de las funciones avanzadas hasta que una actualización silenciosa en la documentación del ML Kit GenAI de Google modificó los registros, tal como cuentan en Android Police.
Limitaciones de funciones y decisiones comerciales
Cumplir con los requisitos técnicos tampoco garantiza el acceso al conjunto completo de herramientas inteligentes. Funciones como la automatización de tareas operan en todos los dispositivos compatibles, pero herramientas de dictado avanzado o de creación de widgets permanecen limitadas a modelos muy específicos, sin confirmación de una expansión generalizada.
A diferencia de los antiguos problemas de chips y controladores que involucraban a terceros como Qualcomm o MediaTek, este nuevo cuello de botella depende exclusivamente de las directrices de la propia compañía y de restricciones comerciales, agravadas además por la presión sobre los componentes de memoria RAM en el mercado actual.