La inteligencia artificial está reduciendo el tiempo que demandan tareas rutinarias en empresas tecnológicas, pero ese ahorro no se está traduciendo en…
La inteligencia artificial está reduciendo el tiempo que demandan tareas rutinarias en empresas tecnológicas, pero ese ahorro no se está traduciendo en jornadas más cortas. En varios equipos, el tiempo liberado termina absorbido por nuevos proyectos o por la revisión y corrección de los resultados que genera la propia IA.
Menos horas en tareas repetitivas, más presión sobre los equipos
Entre empleados de compañías como Amazon, el uso de herramientas de IA para resumir reuniones, revisar código, automatizar informes frecuentes y redactar documentos ha permitido ahorrar alrededor de un día de trabajo por semana. Sin embargo, ese tiempo no queda disponible para descansar ni para reducir la carga laboral.
Al contrario, parte de ese margen se reasigna de inmediato a otras labores, mientras que en algunos casos la automatización añade nuevas exigencias, como la supervisión constante de los procesos creados con ayuda de la IA. Algunos trabajadores incluso reportan jornadas más largas que antes.
El problema apunta a la organización del trabajo
La dificultad no parece estar en la tecnología, sino en la gestión. Los equipos son movidos de un proyecto a otro sin una planificación clara, lo que convierte el ahorro de tiempo en una nueva fuente de trabajo. En lugar de reorganizar flujos, las empresas mantienen la misma dinámica y solo añaden herramientas nuevas.
Un empleado de Amazon explicó que el tiempo ganado no se usa para disminuir la carga del día, sino para atender otras tareas. Otro ingeniero señaló que desarrollar sistemas de automatización también le está sumando horas a su semana, porque luego debe revisar esos mismos procesos de forma continua.
Las cifras que dejan los estudios
Un informe de Boston Consulting Group, Global AI, basado en entrevistas a 12.000 empleados de empresas tecnológicas de primer nivel, mostró que el 42% aseguró ahorrar el equivalente a un día de trabajo por semana gracias a la IA. Aun así, el 66% afirmó no tener claro qué hacer con ese tiempo recuperado.
Otro estudio, realizado entre 3.200 líderes empresariales, encontró que el 85% de los empleados ahorra entre una y siete horas semanales con estas herramientas. Pero casi el 40% de ese tiempo se pierde enseguida en revisar, corregir y rehacer parcial o totalmente los resultados producidos por la IA.
Directivos y equipos, con visiones distintas
Desde algunas empresas tecnológicas ya se reconoce que existe un problema de gestión. Mientras ciertos ejecutivos promueven el uso intensivo de la IA como una señal de avance, otras voces advierten que no tiene sentido incorporarla solo por moda o por presión interna.
También se señala que muchos directivos siguen concentrados en la plantilla y no en replantear los flujos de trabajo, lo que dificulta aprovechar de verdad el tiempo que estas herramientas pueden ahorrar.
Una utilidad limitada por la falta de organización
Investigaciones en otros medios especializados llegan a una conclusión similar: una herramienta capaz de ahorrar una hora a un trabajador solo resulta útil si la empresa sabe qué hacer con esa hora. La evidencia disponible apunta a que, en muchos casos, eso todavía no ocurre.
En paralelo, dentro de empresas como Google, Microsoft y Meta también se han descrito tensiones entre la presión por impulsar la adopción de IA y la realidad de los equipos, que ven cómo el ahorro en la generación de código se compensa con cuellos de botella en compilación, pruebas, revisión humana, infraestructura y control de versiones.
En ese contexto, la IA sí está aligerando parte del trabajo diario, pero su impacto práctico depende cada vez más de cómo se organicen las tareas posteriores. Cuando eso no sucede, el tiempo ganado se transforma en más trabajo para revisar lo que la IA produjo.