Empezar a ir al gimnasio, salir a caminar cada tarde o leer antes de dormir son algunas de las metas más comunes cuando se busca incorporar nuevas rutinas a la vida diaria. Por lo general, se asume que convertir una acción repetida en un hábito exige tiempo, constancia y disciplina.

Sin embargo, una investigación de la Universidad Johns Hopkins plantea que esa transformación podría ocurrir mucho más rápido de lo que tradicionalmente se piensa. El hallazgo pone en duda la idea de que el proceso necesariamente debe extenderse durante largos periodos para consolidarse.

De acuerdo con este planteamiento, el cerebro tendría la capacidad de convertir una rutina en un hábito en un lapso mucho menor al esperado, incluso de un día para otro.