El fenómeno de El Niño ya está activo y los registros oficiales apuntan a un evento potencialmente muy intenso. La NOAA le asigna ahora una probabilidad…
El fenómeno de El Niño ya está activo y los registros oficiales apuntan a un evento potencialmente muy intenso. La NOAA le asigna ahora una probabilidad de 63% a lo que los meteorólogos denominan SuperNiño, mientras que la NASA ha detectado que el nivel del mar en Perú está 15 centímetros por encima de la media.
De acuerdo con las previsiones, este panorama apenas sería el comienzo de una secuencia de cambios que podría prolongarse en los próximos meses, con temperaturas superiores a 25 grados.
Un fenómeno de efectos variables
Aunque la señal es clara, el impacto de El Niño no es uniforme en todo el planeta. La propia NOAA ha explicado que incluso los eventos muy fuertes no producen las consecuencias esperadas en todas partes, y que los episodios de mayor intensidad solo inclinan más las probabilidades.
Severine Fournier, subdirectora científica de Sentinel-6, ha señalado que cada episodio es distinto, aunque casi siempre trae un año cálido y cambios importantes en las lluvias en distintas zonas del mundo.
El mecanismo detrás de este fenómeno está en la falta de vientos alisios fuertes que refresquen la superficie del Pacífico ecuatorial. Al debilitarse esos vientos, la temperatura de esa zona del océano se eleva y, a través de distintas teleconexiones atmosféricas, altera sistemas meteorológicos en todo el planeta. Sin embargo, para que sus efectos se concreten, el calor del Pacífico debe interactuar con numerosos sistemas atmosféricos, lo que vuelve el resultado difícil de prever.
Los datos históricos apuntan a un caso extremo
En medio de la incertidumbre que añade el cambio climático, los datos disponibles muestran que en los últimos 76 años solo se han registrado ocho casos similares al actual, en los que un invierno bajo la fase fría de La Niña derivó en un verano en fase cálida.
Ninguno de esos episodios terminó en un El Niño débil. En todos, el calentamiento rápido estuvo seguido de cambios climáticos importantes. El caso más bajo fue el de 1951, que quedó en nivel moderado, aunque existe discusión sobre si pudo haber sido más fuerte, ya que no se midió con precisión por limitaciones técnicas.
Con ese antecedente, la probabilidad de que el fenómeno alcance la categoría de SuperNiño es elevada, mientras que la posibilidad de que se quede en un evento débil es prácticamente despreciable.
Sobre el papel, el escenario actual se acerca a uno de los episodios más grandes jamás registrados, aunque sigue sin estar claro si a partir de cierto punto las reglas conocidas dejan de aplicarse de la misma manera.