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Crónica/ Así se juega Pokémon Go en Maracaibo

Luis Aguirre

“Vamos a cazar pokemones”, le dice Carla a su novio en la visita nocturna. Hace dos días ella bajó la aplicación de Pokémon Go en su iPhone. Mientras da  un paseo por la urbanización, al norte de Maracaibo, sobre las 9:00 pm, se cruzan con Daniel, un  vecino de 12 años. La actitud los delata. Presionan el teléfono como si se tratara del control de una cónsola de Nintendo, y sacuden el brazo a cada rato. 

“Parece que hay uno en la otra villa”, alerta Juan, otro compañero que se suma en el camino. En medio de la cacería van soltando noticias sobre los lugares en Maracaibo donde han atrapado  alguna criatura de la saga de videojuegos que existe desde 1996 creados originalmente  por Satoshi Tajiri para la empresa de juguetes Creatures Inc. y 20 años después regresa en una aplicación de juego de realidad aumentada de Nintendo y Niantic.

Daniel atraviesa el parque de la residencia y van por el medio de la calle en dirección a la entrada principal, cree que está en el camino correcto  hasta que los faros de un carro lo incadila. Le pitan, “muchacho te estáis volviendo loco”. El chico salió corriendo a su casa a esconderse, su madre le había prohibido el juego.

 

 

 Carla y su novio también se despidieron con un guiño. Estaban igual con alerta porque a juicio de su mamá  esos “animales”   lo único que hacen es traer problemas. La señora ya había leído en twitter algunos incidentes: En San Diego, California, dos jóvenes cayeron por un precipicio de 30 metros de profundidad por atrapar un Pokémon. En Florida un vecino le disparó a dos chicos que entraron a su jardín y los confundió con unos ladrones. En Pensilvania, una chica fue atropellada porque estaba en medio de la calle.   

Sin duda la fiebre de Pokémon Go está en pleno apogeo. Los reportes de “apariciones” de las pequeñas criaturas en los lugares más fantásticos no paran. El Museo de la Memoria del Holocausto en Estados Unidos y el Cementerio Nacional de Arlington ya los declaró visitantes no gratos. Y en la casa de  Carla tampoco los quieren, le  declararon la guerra después de un susto que se llevaron una mañana en el semáforo de la plaza El Ángel, en dirección a la avenida Bella Vista, donde apareció una especie de gatito. 

Carla llevaba abierta la aplicación y saltó del asiento de copiloto: “Mami, por fa para, para, para… un pokémon… Ya no me quedan casi ‘pokebolas”. Su madre casi pega un frenazo con la luz en verde. “¿Qué te está pasando? ¡Me borráis el jueguito ese ya! o te quito el teléfono”.  

El adictivo juego de Niantic Inc. que detecta la ubicación combina el universo de Pokémon con el mundo real, proporcionando incentivos digitales para que los jugadores visiten lugares emblemáticos y capturen las criaturas representadas en pantalla.

Carla le replicó a su mamá lo positivo del juego: “Se convierte en una guía virtual y me obliga a anotar pequeños lugares en mi ruta diaria, algunos de los cuales no conocía” .

En ese momento pasan por la entrada a Santa Rosa de Agua, en la avenida Milagro Norte. Carla descubre que allí hay un mural del cantautor Alí Primera donde puede recargar “pokebolas”. Con desparpajo la madre le  suelta: “Si quieres te dejo aquí y te aseguro que en un segundo desaparece el teléfono de tus manos, no puedes perder la perspectiva, no estamos en Nueva York”.  

Ciertamente en el mundo de realidad aumentada Maracaibo es digna de navegar sin sentirse inseguro. Los usuarios ven el mundo a través de un mapa digital similar al de Google o Apple.  Se puede caminar por ahí buscando “Pokebolas” en las “pokéstops”, que se encuentran en sitios destacados en el juego pero que en la vida real no llamarían mucho la atención.

El juego se pone intenso cuando los Pokémones —esos monstruos tiernos y a veces enojados que tienen poderes mágicos— aparecen, por ejemplo, en lugares como el Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional.

 Carla se lo confiesa a su familia:  “¡Hay un Pikachú en el Sebin!, ¿quién lo atrapa?”. Lo tiene claro que allí no se puede meter, como tampoco inventar visitar el gimnasio de pokemones debajo del Puente sobre el Lago. Aunque supo que están haciendo un grupo para llegar allí en una lancha. 

Carla defiende el lado bueno de Pokémon Go.   “Me ha llevado a tener conversaciones espontáneas con otros jugadores y curiosos sobre el fenómeno que están en mi entorno y antes ni los trataba. Lo malo es que ahora quiero salir de casa, pero Maracaibo no es una ciudad segura. Solo me resigno a explorar cuando hago los trayectos cotidianos a la casa, a la universidad o en reuniones con mis amigos. Ahora hasta me gusta acompañar a mi mamá al banco o al supermercado”. 

Incluso ya tiene grupo de WhatsApp con los vecinos para compartir lugares de hallazgos. “Por ahora estoy  coleccionando toda una variedad de criaturas extrañas, junto con 185 Pokebolas, tres sets de incienso para atraer Pokémones, y pociones y medicinas que todavía no entiendo para qué son, pero que sé que funcionarán en algún momento”.

Las acciones del fabricante japonés de videojuegos Nintendo se han revalorizado un 120,93% desde el lanzamiento el pasado 6 de julio de Pokémon Go. La compañía nipona ha desatado una auténtica fiebre en todo el mundo incrementando en 21.000 millones el valor de la multinacional, que supera así a gigantes como Sony.

  El alud de jugadores llegados de todo el mundo —ya está en más de una treintena de países— ha provocado algo previsible: la caída de los servidores de Pokémon Go. No han podido soportar los más de 21 millones de usuarios que quieren entrar a la aplicación al mismo tiempo. Un número récord que en Estados Unidos ya ha superado en uso a Instagram o WhatsApp. Y todo en apenas en 20 días.

Carla, Daniel y Juan ya tienen plan para el fin de semana: cazar pokemones. Han planeado ir a centro comerciales y visitar la Basílica de La Chinita y monumentos olvidados en Maracaibo, quizás corran con suerte y aumentar las “pokemonedas”.

     

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