China está probando una parte clave de su plan lunar con un método poco habitual: voluntarios pasaron 15 o 30 días sin levantarse, comiendo, durmiendo y aseándose tumbados, como parte del experimento Dixing-3. El objetivo es entender cómo se adapta el cuerpo a entornos de gravedad distinta a la terrestre mientras el país mantiene su meta de llevar astronautas a la superficie antes de 2030.
Un ensayo para estudiar la microgravedad y la Luna
La prueba comenzó en mayo de 2026 y concluyó antes de que sus resultados se presentaran en septiembre. En ese protocolo, los participantes debían mantener la posición establecida incluso para actividades cotidianas como comer, asearse, orinar y defecar, mientras eran sometidos a mediciones fisiológicas.

La lógica del ensayo está en la postura: una inclinación de 6° con la cabeza más baja que los pies provoca un desplazamiento de fluidos hacia la parte superior del cuerpo y reduce la carga sobre huesos y músculos de las piernas, dos efectos que permiten reproducir en tierra algunos efectos de la microgravedad. Según explicó la investigadora Qu Lina, Dixing-3 también incorporó posiciones con la cabeza elevada para estudiar condiciones de gravedad reducida y las transiciones entre distintos entornos gravitatorios.
Una preparación pensada para vuelos más largos
El experimento busca aportar datos útiles tanto para una futura misión lunar como para estancias espaciales prolongadas. Durante el viaje a la Luna, los astronautas pasan de la microgravedad a una gravedad equivalente a aproximadamente una sexta parte de la terrestre, una transición que afecta sistemas como el musculoesquelético y el cardiovascular justo cuando la tripulación necesita moverse y trabajar sobre la superficie.
China también usa estas pruebas para validar contramedidas destinadas a vuelos más largos. Un tripulante de Shenzhou 23 tiene prevista una estancia de un año en órbita, y el Astronaut Center of China indicó que las intervenciones probadas mostraron buenos efectos protectores sobre huesos, músculos y sistema cardiovascular, aunque los comunicados públicos no ofrecieron resultados detallados.

Una línea de investigación que lleva casi dos décadas
Dixing-3 forma parte de una serie de estudios que China desarrolla desde hace casi dos décadas. El primer ensayo, Dixing-1, se realizó en 2007; en 2019 llegó Dixing-2, en el que 36 hombres permanecieron 90 días bajo un protocolo de reposo con la cabeza inclinada 6° hacia abajo y con distintos programas de ejercicio.
En esos estudios, los resultados publicados después mostraron que algunas rutinas ayudaban a conservar la capacidad aeróbica y determinados parámetros de fuerza muscular, aunque la protección frente a la pérdida ósea seguía siendo un desafío. Este tipo de investigaciones también las utiliza la NASA y la ESA para analizar en tierra algunos efectos fisiológicos de los vuelos espaciales.
El programa lunar chino avanza en paralelo con otros elementos, entre ellos el Long March-10, la nave Mengzhou, el módulo de descenso Lanyue y el traje lunar Wangyu. Pero el ensayo de reposo deja claro que la preparación para volver a la Luna no depende solo del vehículo: también exige entrenar al propio cuerpo para soportar una gravedad distinta a la de la Tierra.




