La recta final de la campaña para las elecciones en Brasil quedó marcada por una controversia en torno a la virgen de Aparecida, patrona del país, en medio de una tendencia que ya se observa desde hace años: los católicos tienden a inclinarse más hacia Lula y los evangélicos hacia Bolsonaro.
Una polémica religiosa en plena campaña
Un rumor sin sustento sobre la supuesta intención de Flávio Bolsonaro de quitarle a esa santa el título de patrona de Brasil avivó el choque político entre el senador opositor y Lula. Flávio Bolsonaro negó esa versión y acusó al Partido de los Trabajadores de usar una noticia falsa con fines electorales.

“Respeto a todas las religiones y también a quien no tiene religión”, dijo el hijo de Jair Bolsonaro, expresidente condenado a prisión por intento de golpe de Estado tras perder las elecciones de 2022 frente a Lula.
Lula, que es católico, también se pronunció sobre el tema en Belém. “Mientras sea presidente de la República, nadie va a burlarse de nuestra señora de Aparecida”, dijo, y añadió: “Hay que aprender a respetar a todas las religiones”.
La polémica llegó hasta el Tribunal Superior Electoral, que bloqueó publicaciones sobre el tema en redes sociales, y a la Conferencia Episcopal Brasileña, que negó promover informaciones falsas.
Católicos y evangélicos, con preferencias distintas

La encuestadora Quaest señaló a inicios de este año, en un estudio del Instituto de Estudios de la Religión, que 50% de los brasileños mayores de 16 años se declaran católicos y 29% evangélicos.
Un sondeo de Quaest publicado el lunes indicó que Lula lidera entre los católicos con 48%, cinco puntos más que antes de la polémica por la virgen de Aparecida, mientras Bolsonaro suma 29% en ese grupo. Entre los evangélicos, Bolsonaro encabeza con 46% y Lula reúne 27%.
La antropóloga Regina Novaes, coordinadora académica del Iser, explicó que en el catolicismo brasileño hubo un sector que impulsó durante la dictadura militar el tema de los derechos humanos, se acercó a la izquierda y fue importante para la formación del PT. También recordó el peso de la teología de la liberación, una corriente que puso el foco en los pobres y la justicia social.
En el caso de los evangélicos, Novaes señaló que la expansión de una agenda moral contraria al aborto y a los derechos de minorías sexuales los fue acercando a la derecha. La socióloga Silvia Fernandes sostuvo que la religión debe verse como una dimensión importante de la reorganización política brasileña, no como una variable que determine el voto.




