La NASA probará en 2026 si tres rovers pueden organizarse por su cuenta para explorar la Luna, repartirse tareas y seguir avanzando sin instrucciones constantes desde la Tierra. La misión CADRE viajará a la región Reiner Gamma y cartografiará el terreno durante unas dos semanas.

La prueba forma parte de una apuesta por la autonomía robótica en entornos donde la comunicación puede fallar o llegar tarde. La misión, sigla en inglés de Exploración Robótica Cooperativa Autónoma Distribuida, está descrita por el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA como un ensayo para evaluar cómo trabajan juntos varios vehículos pequeños en la superficie lunar.

Un equipo que decide por sí mismo

CADRE no dependerá de un operador que conduzca cada maniobra. En cambio, los tres rovers deberán elegir un líder, distribuir tareas y ajustar sus planes si uno encuentra obstáculos, problemas de comunicación o baja batería.

Los ingenieros ya probaron parte de esa coordinación en tierra, en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA, en Pasadena, California. Allí, los rovers pudieron replantear rutas como grupo ante obstáculos inesperados y detenerse cuando la batería de uno se agotó.

En el enlace compartido por la misión, la NASA resume el ensayo como una prueba de autonomía para explorar un terreno lunar con ayuda de varios robots pequeños:

Por qué la autonomía importa en la Luna

La agencia quiere comprobar si un sistema así puede funcionar en lugares donde las comunicaciones no son constantes. En la superficie lunar, los bordes de los cráteres pueden bloquear la línea de visión y un rover que descienda a una zona en sombra puede perder contacto durante su recorrido.

También hay límites de energía. Los paneles solares cargan las baterías cuando reciben luz, pero la noche lunar dura alrededor de dos semanas terrestres, y esperar una nueva instrucción consume recursos que el vehículo no puede reponer hasta que regrese el Sol.

La navegación añade otra dificultad: no existe una red de satélites GPS como la terrestre. Por eso, los rovers tendrán que construir mapas a partir de sus cámaras y sensores, en un ambiente donde la luz puede cambiar de manera brusca al pasar de una cresta iluminada al fondo oscuro de un cráter.

Riesgos del terreno y valor de la prueba

El entorno lunar también plantea temperaturas extremas y polvo que puede dañar los equipos. En regiones permanentemente en sombra, la temperatura puede caer por debajo de -170 grados Celsius; además, la carga eléctrica levanta polvo lunar, cuyos granos afilados pueden desgastar rodamientos, filtrarse por los sellos y cubrir lentes y sensores.

La NASA espera que una misión con varios rovers distribuya el riesgo y permita repartir funciones, como llevar sensores en un vehículo y una perforadora en otro. Si CADRE demuestra que un equipo de máquinas puede reorganizarse y seguir operando sin depender de órdenes continuas, abrirá una ruta para futuras misiones más complejas en la Luna.

El ensayo previsto para 2026 medirá hasta dónde puede llegar esa coordinación entre robots. La gran pregunta, por ahora, es si tres vehículos pequeños pueden trabajar como un solo sistema autónomo en un terreno donde cada decisión depende de la energía disponible, la visibilidad y la comunicación con la Tierra.