La alimentación se ha vuelto también un importante mercado de consumo, donde los grandes productores buscan producir más en un modelo agrícola industrial que descuida la tierra, aunque ésta es, paradójicamente, la fuente de alimento por excelencia. Esto es lo que sucede con el uso de algunos herbicidas, como el glifosato, que se comercializa en más de 100 países del mundo; siendo su proveedor comercial más polémico la compañía Monsanto a través de su producto “Roundup”.
Teniendo en cuenta esta situación, un equipo de docentes y alumnos de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires, Argentina, desarrolló el Glifotest, un dispositivo capaz de detectar la presencia de glifosato en muestras de agua, suelo y alimentos, entre otras, de manera rápida, efectiva y económica, sin recurrir a un laboratorio. Este invento utiliza la misma lógica que los test de embarazo caseros y tiene la capacidad de detectar la presencia de este herbicida en sustratos diluidos en agua, mediante una coloración diferencial de bacterias modificadas genéticamente.
“Se trata de un kit en el que uno tiene la bacteria deshidratada fijada en una tira reactiva -de plástico o de papel- que se torna de un azul intenso al colocarla en una solución que contiene glifosato como contaminante” Pablo Peralta, docente encargado del proyecto.
Según explican los investigadores, seleccionaron una bacteria Escherichia coli y la modificaron genéticamente agregándole dos genes de otros microorganismos que actúan en serie. El primero, participa en la ruta de degradación del glifosato “cortándolo” en 2 productos. El segundo gen reacciona ante la presencia de uno de estos productos produciendo un pigmento que tiñe a la bacteria de un azul intenso que se puede observar a simple vista. Si no hay glifosato en la solución, la bacteria permanece con su aspecto normal, de color blanco amarillento.
