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Una planta para reciclar pilas y baterías

No tienen tamaño para el daño ambiental que pueden causar: Seis pilas son suficientes para contaminar unos 2,5 millones de litros de agua, la misma cantidad que, en promedio, requieren unas 14 mil personas cada día. Ni hablar de la capacidad para contaminar también presente en las baterías. 

Bien es sabido que si no se realiza una correcta disposición final, tanto pilas como baterías son una amenaza ambiental en potencia y, por ende, para la salud pública. De allí que países como Suecia, Alemania, Estados Unidos, Corea del Sur o Japón tienen décadas reciclando pilas a gran escala. 

En Venezuela, la Universidad Simón Bolívar (USB) inició (2011) un proyecto para el diseño de una planta para extraer los metales pesados tóxicos en forma de compuestos químicos, que posteriormente puedan ser destinados a distintos usos industriales. 

Unos dos años duró el trabajo de diseño de la planta. Entre otros, Pedro Delvasto, un doctor en ciencias de los materiales y exprofesor de la USB, estuvo al frente de esta primera etapa, financiada por el Fondo Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (Fonacit). Ahora, y tras haberse superado algunos obstáculos, se espera que en el tiempo se concrete la construcción de la planta demostrativa para el reciclaje a pequeña escala de pilas níquel-cadmio y alcalinas, que procesaría unos 100 kilogramos de pilas mensuales.

Y cuáles son esos materiales que pueden liberar las pilas y baterías? “Fundamentalmente, sustancias alcalinas como el hidroxilo de potasio y metales pesados tóxicos, como el cadmio, níquel, plomo o mercurio”, explicó Delvasto, ahora profesor universitario en Colombia, aunque investigador externo de la Unidad de gestión en materiales y procesos sustentables de la Fundación de investigación y desarrollo de la USB, en Caracas. “Algunos modelos pueden liberar cantidades muy grandes de otros metales, que si bien son menos tóxicos, su cantidad es tal que podrían afectar suministros de agua potable. Tal es el caso del zinc y el manganeso”, agregó el ingeniero venezolano con estudios en la Universidad Complutense de Madrid, en España.

El blog venezolano especializado Ecoclick dice que “la exposición a estos químicos que contienen las pilas puede provocar cáncer. Además, estudios médicos han demostrado que el consumo constante de alimentos contaminados con mercurio puede provocar cambios de personalidad, pérdida de visión, memoria, sordera o problemas en los riñones y pulmones. En las mujeres embarazadas, el mercurio puede acumularse en la placenta y provocar daño en el cerebro y en los tejidos de los neonatos, quienes son especialmente sensibles a esta sustancia.  Respirar cadmio, entre tanto, produce lesiones en los pulmones y cuando se ingiere generalmente se acumula en los riñones”.

Una planta para reciclar pilas y baterías  

El diseño de la planta con sello venezolano, de tecnología abierta, está basado en un proceso hidroneumático en el cual, según detalló Delvasto, “luego del desarmado mecánico o manual de la pila, sus componentes tóxicos se disolverán con soluciones acuosas de carácter ácido. Los metales así disueltos luego se precipitan, de manera que se obtendrán sales, que luego pueden tener utilidad industrial”.

Amplia es la utilidad industrial que esas sales pueden tener. Desde la manufactura de cerámicas y pinturas hasta la formulación de abonos foliares se cuentan en la lista. 

Desde la concepción inicial del proyecto, está estipulado que el conocimiento generado sea de uso libre y disponible en internet para que cualquier persona, comunidad, consejo comunal, organización o emprendedor pueda usar la tecnología. Esto se traduciría en oportunidades de negocio porque los compuestos extraídos podrían venderse a las empresas que las necesiten.

Por lo general, en el país las pilas terminan en los rellenos sanitarios, sin control alguno. El proceso de corrosión de estos implementos y la posterior liberación de los metales tóxicos comienza entre seis meses y dos años después de ser desechados. Por su puesto, el agua de la lluvia contribuye a acelerar la corrosión.

“Una vez se derraman estos residuos tóxicos se filtran en los rellenos sanitarios y contaminan el suelo, subsuelo y con el tiempo este fluido llega a las aguas subterráneas, desde donde contamina plantas, animales, agua potable y alimentos, llevando la contaminación a los seres humanos. Si las pilas se incineran, las emanaciones resultantes darán lugar a elementos tóxicos volátiles, contaminando el aire”, puede leerse en Ecoclick. 

“Tradicionalmente, y de manera irresponsable, el ciudadano dispone las pilas en los cestos o contenedores de basura doméstica. Por otro lado, el Estado venezolano a la fecha no ha desarrollado políticas públicas orientadas al manejo ambientalmente seguro de estos desechos”, apuntó Madelein Díaz, de Vitaambiente. 

Delvasto aclaró que “en Venezuela todavía no se ha reciclado de manera industrial la primera pila”.

 Díaz calificó de urgente que en Venezuela se comience a trabajar en el reciclaje de pilas. “Una industrialización en el manejo ambiental de las pilas en Venezuela sería sumamente beneficiosa para el país. En principio, se requiere una importante reducción en el volumen de pilas acumuladas a la fecha. Si estimamos una producción entre 8-10 pilas por habitante por año (para el caso de las pilas alcalinas y recargables) y tan solo en el año 2004 la telefonía celular reportó la generación de más de 3 MM de pilas, podemos inferir que el país requiere con urgencia una propuesta de manejo para estos desechos peligrosos”.

Lo que sí se ha practicado en el país es el almacenamiento de pilas y baterías. Así, por ejemplo, en 2011, un grupo de ciudadanos inició a través de las redes sociales una campaña que denominaron Recolecta tus pilas. Desde entonces y hasta el 2013, se habían almacenado unas cinco toneladas y media de pilas y baterías, mientras aparece la solución ecológica, viable y sustentable que se requiere, según ha indicado Ecoclick, encargado junto con Vitaambiente del almacenamiento. 

El proyecto de la planta para el reciclaje de pilas y baterías puede perfectamente aplicarse en todo el país. En este sentido, Delvasto cree que “solamente se necesita apoyo gubernamental, no solo económico, sino también legislativo, fortaleciendo las leyes de reciclaje y las obligaciones a importadores y productores para que apliquen el criterio de la responsabilidad extendida del fabricante con el objeto de financiar el reciclaje de la basura electrónica. La participación de empresas públicas o privadas con capacidad de gestión de residuos es fundamental para garantizar el éxito de los procesos de recolección, acopio y procesamiento de este tipo de desechos peligrosos”.

La construcción de la planta sigue siendo desplegada por la USB en cooperación con el Centro nacional de energía química y la Fundación instituto de energía para la investigación y desarrollo, ambos adscritos al ministerio de Ciencia y Tecnología.

Con esta planta, se puede abrir una ventana importante para el reciclaje de pilas y baterías en el país, pero como explicó Delvasto, se requiere un apoyo integral en la materia para fortalecer todos los sectores involucrados. 

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