Sucesos

Venezuela, el país donde llueven balas

 Un joven de 16 años perdió la vida al recibir, esta semana, un disparo que le generó graves lesiones internas. El supuesto victimario fue un sujeto no identificado que salió de una licorería disparando a “diestra y siniestra”, según denunciaron familiares del muchacho. El hecho que ocurrió en el municipio Guajira (Zulia) pasó a engrosar la lista de víctimas por balas perdidas. 

A principios de mes, el luto se apoderó de otra familia, en esta ocasión en Caracas. Otra bala perdida hirió mortalmente a Jimbert Jarlo Gabriel Hernández Villalta, de 15 años, miembro de la Orquesta Sinfónica Juvenil de Venezuela. El joven estaba con su padrastro en el sector La Vega, en el noroeste de la capital, cuando dos motorizados pasaron disparando por el sitio. Jimbert recibió un disparo en el costado izquierdo y falleció poco después de ingresar a un centro asistencial. Su padrastro también fue impactado por una bala, pero no murió. 

Así se escriben mucho de los informes de personas que han sido lesionadas o asesinadas en el país, al quedar atrapadas en medio de tiroteos o producto de balas perdidas. A estos proyectiles nadie los ve venir, si acaso se escucha su detonación y, a veces, solo se presume su dirección, como sucedió con Dixiana Huérfano, herida por una “bala fantasma”, hace nueve años, en el sector Sabaneta, en Maracibo, a pocos metros de la entonces cárcel nacional. 

La joven, en aquel tiempo de 19 años, corrió al interior de su residencia cuando escuchó las primeras detonaciones provenientes del centro penitenciario, explicó su papá, Jesús Huérfano. Instantes después, ella estaba tendida en la cama de sus padres, sin poder mover las piernas. La bala que le alcanzó la columna pasó totalmente inadvertida, pero dejó la marca de su recorrido en la ventana y la cortina del cuarto. 

Hoy, Dixiana está casada, con dos hijos, aunque sus estudios universitarios quedaron inconclusos como consecuencia el drama que le tocó vivir a tan temprana edad. Ahora, en ocaciones, debe hacerle frente a los fantasmas del pasado que la acechan con sentimientos de frustración y depresión. 

 De acuerdo con un informe realizado por el Centro Regional de las Naciones Unidas para la Paz, el Desarme y el Desarrollo en América Latina y el Caribe (Unlirec), Venezuela ocupa el primer lugar con más víctimas por balas perdidas, con un total de 74 casos registrados (mortales y heridos), por encima de Brasil, que totalizó 71 hechos de estas características. El estudio se llevó a cabo entre los 27 países que integran la región y se publicó el año pasado. La investigación tomó en cuenta datos del quinquenio comprendido entre el 2009 y el 2013 y que fueron reflejados en los los medios de comunicación social de la zona. 

La disparidad poblacional entre Venezuela y Brasil es más que evidente. El gigante amazónico posee, según cifras oficiales, poco más de 201 millones de habitantes, mientras que Venezuela tiene una población de casi 29 millones, según el último censo nacional realizado en el 2011. Este dato pone en evidencia el grave problema que atraviesa el país en materia de balas perdidas.

La principal causa de esta problemática —según el organismo supranacional— es el “enfrentamiento entre pandillas”, aquí conocidas como bandas. le siguen el robo y después la violencia social. Los disparos al aire ocupan el cuarto lugar.

Según el informe de Naciones Unidas, el 47% de las víctimas son menores de edad, el 30% adultos jóvenes y el 17% adultos. Los datos arrojados sobre Venezuela revelan que el 61% de los casos corresponde al sexo masculino, mientras que el 39% restante al femenino.

El estudio de la Unlirec determinó que Venezuela es el país con la tasa de mortalidad más alta de la región por balas perdidas, específicamente con 67 fatalidades, lo que equivale a un 86,48% de los casos reportados. 

Luego le sigue México con 28 decesos, igual a 53,84%, y Colombia con 36 fallecimientos, para un 50%. Brasil, al contrario, presenta el índice más bajo, con 29 fallecidos, para el 25,35% de sus casos totales. 

Y según expertos consultados, el informe revela otro problema conectado con las balas perdidas: el control de las armas de fuego y municiones por parte del Estado nacional. Para los entendidos en la materia, los delincuentes tienen una gran facilidad para apropiarse de un revólver, pistola o arma larga y de sus respectivas municiones. 

Por su puesto que esto genera angustia en comunidades, donde en cualquier momento se puede ser víctima de una bala perdida. Un intercambio de disparos entre delincuentes o con los cuerpos de seguridad del Estado es siempre una amenaza, amén de las ciertas celebraciones, en las que antisociales no escatiman pólvora para hacer sentir su poder o “alegría”. 

Para Luis Izquiel, criminólogo y abogado, el informe de la Unlirec pone al pie del tapete la “proliferación de armas de fuego en las calles de Venezuela”. 

“En un país donde abundan tantos millones de arnas de fuego y tantas municiones, no es de extrañar que tengamos estos altos índices de personas asesinadas por balas perdidas. De forma inconsciente comienzan a disparar a lo loco. Si gana Magallanes, en los entierros, por ejemplo, disparan irresponsablemente, o se enfrentan entre ellos por distintas rencillas, o se enfrentan a los cuerpos policiales. En cualquier episodio pueden caer personas inocentes. Cada vez son más comunes los tiroteos que duran horas”, indicó el especialista.

Sobre la cifra exacta del número de armas de fuego que circulan en el país de manera ilegal no hay un cálculo exacto. Así que, se pueden encontrar varias estimaciones realizadas por distintas instituciones en diversos momentos. 

La última estadística fue aportada por los miembros de la comisión presidencial para el desarme, quienes situaron las armas ilegales en menos de 500 mil, para el año 2012. El estudio realizado por la comisión también determinó que el mercado negro de armas y municiones en Venezuela es alimentado por mercados nacionales. 

Reynaldo Hidalgo, integrante de este despacho, considera que todavía queda mucha tela que cortar en materia de control de armas, sobre todo en lo que respecta a municiones, ya que es evidente que hay un mercado que sigue nutriendo al delincuente. 

En Venezuela, la venta, distribución y comercialización de armas de fuego y sus municiones son exclusividad del Estado, a través de Compañía Anónima Venezolana de Industrias Militares, CA (Cavim), desde hace tres años. 

“Uno de los aspectos que todavía no está del todo regulado y que podría influir, es el desvío de municiones en los cuerpos policiales. Ése ha sido el punto más duro de vigilar. También se produce otra circulación producto del contrabando, factor que igualmente debe ser examinado”, aseguró el el criminólogo y director del programa A toda vida Venezuela de la Gobernación de Aragua.

El experto afirma que “siguen habiendo controles muy ligeros en la distribución y venta de municiones”. Explicó que al momento de prohibirse la venta de municiones a particulares, la caja de balas 9 mm, que costaba inicialmente 112 bolívares en el mercado negro, se llegó a disparar a tres mil bolívares. “En la medida que las dificultades de acceso son mayor, genera más gastos para el delincuente y la capacidad de riesgo son más altas”, señaló Hidalgo.

Recalcó como “una de las políticas más acertadas, tomadas desde la comisión”, la inutilización temprana del arma de fuego que llega a las salas de evidencia de los cuerpos policiales. 

“Se les levanta la experticia y son inutilizadas de manera temprana para evitar el desvío. Un número significativo de armas proviene de estas salas, producto de eso se ha acelerado el proceso de inutilización. Solo en Aragua, en año y medio, se han destruido mil 600 armas. Todos los meses tenemos actos de inutilización, la retención es poca y breve”, precisó el experto.

Mientras tanto, las balas perdidas en Venezuela son una amenza latente. En cualquier momento o lugar, desde el cielo puede llegar la muerte en forma de proyectil. 

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