Al este de La Guaira, en la costa central venezolana, los dos terremotos que sacudieron el norte del país el miércoles 24 de junio dejaron una escena de destrucción total: edificios colapsados, heridos sin insumos y familias que intentan rescatar a sus muertos con ayuda de voluntarios.
Claves
- —Los sismos fueron de 7,2 y 7,5 y golpearon con fuerza la franja costera de La Guaira.
- —Vecinos de Playa Lido, Los Corales y Caraballeda aseguran que la ayuda oficial no llegó a tiempo.
- —En un puesto de salud montado en Playa Lido se habían atendido unas 1500 personas heridas hasta la tarde del viernes 26 de junio.
Playa Lido quedó reducida a escombros
En Playa Lido, María Helena Hernández González, de 63 años, vio cómo su casa se venía abajo mientras el mar se recogía hacia adentro, una señal que la hizo alertar a su familia antes del temblor.
En el derrumbe murieron su hermana Aura Hernández, de 74 años, y su sobrino Tony Lares, de 56 años. María Helena dijo que sacaron los cuerpos con sus propias manos 24 horas después y que no recibieron ayuda del gobierno.

Muy cerca de allí, Apartamentos El Palmar, uno de los edificios más conocidos de la urbanización, quedó convertido en una montaña de ruinas. El viernes 26 de junio fue recuperado sin vida el cuerpo de Elizabeth, la conserje del edificio y amiga de María Helena.
Elizabeth vivía en un apartamento de la planta baja del edificio construido en 1950, que durante décadas fue el Gran Hotel Palmar, obra de los arquitectos Luis Eduardo Chataing y Graziano Gasparini.
María Helena afirmó que Elizabeth seguía viva bajo una placa de concreto y que vecinos y voluntarios intentaron sacarla durante dos días, sin que llegara apoyo oficial.
Vecinos montaron refugios y buscaron sobrevivientes por su cuenta
En la misma zona, Luis Jiménez, de 74 años, perdió su casa tras los dos sismos sucesivos. En lo que queda de su restaurante improvisó un refugio temporal para vecinos y familiares afectados de Playa Lido y El Palmar.
“Improvisamos este refugio aquí porque después de 48 horas las autoridades no han venido a ayudarnos o decirnos qué hacer”, dijo.

Un panorama similar se repetía en Residencias Costa Brava, en Los Corales. Allí Larry Rodríguez, de 58 años, coordinaba una cuadrilla de voluntarios que removía escombros a pico y pala para tratar de ubicar a su esposa y a su hijo de 10 años.
También en ese edificio quedaron atrapados Jeanny Pérez, de 32 años, su hija Amelia Vechionne, de 3, y su esposo Humberto Vechionne, de 31 años. Fueron localizados vivos por voluntarios y rescatistas, pero 36 horas después fallecieron.
Su tía, Ylenis Pérez, aseguró que la ayuda no llegó y que cuando por fin los sacaron ya estaban muertos.
Un puesto de salud saturado y sin insumos suficientes
Frente a Bahía de los Niños, en Playa Lido, funcionaba un centro de atención del servicio médico del DGCIM con unos 30 efectivos custodiando la zona. A las seis de la tarde del viernes 26 de junio, los tres médicos de guardia habían atendido a unas 1500 personas heridas.
Las lesiones más comunes eran traumatismos cerrados o abiertos, heridas abrasivas, hematomas, laceraciones, cortaduras en la piel y crisis hipertensivas. Los médicos pedían insumos con urgencia porque no alcanzaban los que tenían disponibles.

Faltaban analgésicos, hipertensivos, hilos de sutura, gasas, alcohol, agua oxigenada, povidine, antibióticos orales, guantes desechables y tapabocas. Tampoco había electricidad ni internet en la franja costera de La Guaira.
Los heridos más graves eran trasladados al Hospital Vargas del Instituto Venezolano del Seguro Social guaireño, aunque las ambulancias no se daban abasto. En la avenida Soublette, una de ellas chocó y atropelló a un joven motorizado, que luego fue atendido por los paramédicos de la misma unidad.
La avenida Costanera, sin edificios en pie
Más al este, sobre la avenida Costanera que conecta Los Corales con Caraballeda, la imagen era devastadora. En unos tres kilómetros de recorrido no quedaba ningún edificio en pie.
Los escombros se acumulaban como placas amontonadas unas sobre otras en lo que era una de las zonas residenciales más exclusivas del litoral central del Caribe venezolano.
En medio de esa escena, familiares y voluntarios seguían removiendo ruinas con la esperanza de encontrar sobrevivientes, mientras otras personas aguardaban bajo el sol para poder retirar los cuerpos de sus seres queridos.
En un reportaje de Bellingcat se describió la escala de la devastación provocada por los sismos en Venezuela.
