Un día después de los terremotos, David* se ofreció a ir a la morgue Bello Monte, en Caracas, tras la desaparición en La Guaira del padrastro de una amiga que vive en el extranjero. En una carpa, personal del Servicio Nacional de Medicina y Ciencias Forenses (Senamecf) hacía dos preguntas a quienes llegaban a buscar a sus familiares: si estaban desaparecidos o habían muerto, y si el caso correspondía a La Guaira o Caracas.
La morgue como punto de cruce entre la certeza y la duda
El relato describe un espacio donde la búsqueda de respuestas se mueve entre la certeza de la muerte y la incertidumbre de la desaparición. Allí, quienes llegaban debían precisar a qué zona vinculaban el caso y responder a una pregunta básica, pero decisiva, sobre el paradero de su familiar.
Los terremotos seguían marcando la conversación pública al día siguiente, y la escena en Bello Monte reflejaba el impacto humano de esa emergencia.
Una búsqueda que comenzó en La Guaira
La visita de David* ocurrió por la desaparición del padrastro de una amiga que reside en el extranjero. El caso, según el texto, estaba asociado a La Guaira, mientras la morgue en Caracas funcionaba como punto de consulta para quienes intentaban ubicar a sus seres queridos.
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