Ángel Mendoza Zabala [email protected]
Cuarenta y siete años después de haber llegado a Maracaibo, Fernando Berendique ha mirado, entre el asombro y la cotidianidad, el cambio de la ciudad —y sus habitantes—. El cónsul de Chile en la capital del Zulia, hace 26 años, se quedó a esperar justicia. La divina —en la que cree “pese a algunas quejas”—, y la de los hombres. Esa que le adeuda una respuesta por el crimen de su hija, Karen Berendique.
Un femicidio que aún resuena en la memoria de la ciudad: la hija del cónsul de Chile, de 19 años, que se desplazaba con su hermano en una camioneta Chevrolet Trailblazer, fue herida de bala en el barrio Teotiste de Gallegos, el viernes 16 de marzo de 2012.
A Karen la llevaba su hermano Fernando a una fiesta porque, aunque tenía carro “no tenía permitido salir de noche manejando, regla de familia”, explica su padre.
Las balas que le segaron la vida fueron disparadas por una comisión del Cuerpo de Investigaciones Científicas, Penales y Criminalísticas (Cicpc). Doce funcionarios de ese cuerpo fueron expulsados, están presos en Caracas —donde se radicó la causa, por decisión del Tribunal Supremo de Justicia, de agosto de 2012—, y esperan juicio.
De ellos, Berendique sabe el paradero exacto de dos. “La mujer implicada está en la sede de Capturas del Cicpc en El Rosal. El comisario que participó se encontraba recluido en la Brigada de Acciones Especiales de Quinta Crespo, y aparentemente, es un sitio cerrado. Es diabético, y por prescripción médica un juez ordenó su traslado al centro de detención de la PNB en la zona cuatro, para que reciba sol (en Piedra Azul, Baruta)”, asegura.
El cónsul no ha perdido su cadencia santiaguina al hablar. Desde su país “hay mucha gente pendiente de la resolución del caso”. Por eso, Berendique informa constantemente a la Cancillería chilena.
“Tengo contacto permanentemente con el fiscal nacional designado para el caso, (Alejandro Méndez), porque tengo que rendir cuentas a la Cancillería de Chile que está muy interesada en la respuesta que se va a dar al caso”, explica el representante diplomático.
Aunque no lo vivió, Berendique sabe, exactamente, cómo ocurrieron los hechos en los que perdió a su hija menor, estudiante de comunicación social.
“Debo decir que los fiscales que asignaron al caso son gente muy profesional, han sido bastante incisivos, el expediente es bastante extenso y por eso ha demorado tanto. El fiscal nacional me dice que este es el juicio más largo que ha tenido en su vida profesional. Imagínese, cuatro años, y tengo entendido que todavía hay testigos que ya declararon pero que los vuelven a llamar para declarar”, explica.
Del riesgo de ser secuestrados había hablado Fernando con sus hijos, “en la costumbre obligatoria de estar a la mesa en el almuerzo y la cena”, explica. “Habíamos hecho planes, teníamos nuestras claves para comunicarnos o hacernos sentir en caso de secuestro. Cuatro días antes, Karen decía que si era plagiada, prefería morir”, contó.
El cónsul sufre la “división” de su familia. “Por cuestiones de seguridad tuve que sacar a mis hijos del país, y yo estoy aquí a la espera de la justicia prometida. Son cuatro hijos. Fernando es el tercero, Karen era la última y tengo dos mayores”.
Familiares de los acusados por el caso se quisieron comunicar con Berendique. “Les dije que no era problema mío, que era asunto de la justicia venezolana, que yo no tenía nada que ver, y que no podía arreglar nada”, recuerda.
No juzga a los implicados personalmente. Lo que sí critica, con fuerza, son sus acciones. “Eso fue una emboscada, un ataque, una locura. Dispararon mucho, hubo un vecino del barrio herido. Eso fue ‘la segunda guerra mundial”, ejemplifica.
Llamadas de amistad no han sido las únicas recibidas. Al cónsul lo han amenazado. La Fiscalía le ofreció protección, de nuevo —la tuvo en 2012 por seis meses—, pero la rechazó. “Últimamente han cesado las amenazas, siempre hay una llamadita de teléfono, hablando tonterías, amenazando con que si el juicio sale desfavorable, pero son llamadas y palabras que a mi juicio no revisten seriedad”.
En los tiempos en los que llegó al país, a Berendique le asombró la idea de la seguridad. “Esa fue una de las cosas que me compró para quedarme aquí, en el país. Veía a la gente de madrugada, tomando café en la calle, estudiantes bajo los postes, en grupo. Gente muy amistosa”, asegura.
Junto a su esposa y la familia ofrecerán mañana, a las 6:00 pm, una misa en recuerdo de Karen, la hija llena de sueños, la muchacha cuyo crimen desató protestas estudiantiles en Chile.
“Ella salió esa noche al cumpleaños de un amigo, de los que mantenía de toda su educación en el Colegio Alemán. Son como hermanos. Ellos nos acompañaron siempre en las misas, pero de ellos, solo uno queda en Venezuela”, lamenta Fernando.
Karen le duele. En su oficina, varios marcos conservan la imagen cálida de una muchacha llena de sueños, de ilusiones, muerta a tiros en una terrible operación que marcó a Maracaibo y a dos países: Chile y Venezuela.