El zinc es un mineral esencial que participa en cientos de reacciones del organismo. Interviene en el metabolismo, la síntesis de proteínas, la cicatrización, las defensas y el mantenimiento de la piel. Como el cuerpo no lo almacena en grandes cantidades, conviene obtenerlo a diario a través de la alimentación o, en casos concretos, con suplementación indicada por un profesional.
Papel fundamental en el organismo y las defensas
El zinc actúa como cofactor en enzimas relacionadas con el crecimiento, la reparación de tejidos y la función inmune. También participa en la división celular, el gusto, el olfato y la producción de ADN, por lo que una ingesta insuficiente puede notarse en varios sistemas a la vez.
Las defensas son una de las funciones más estudiadas de este mineral. Una investigación publicada en 2021 evaluó su uso para prevenir o tratar infecciones virales respiratorias agudas en adultos. Los resultados apuntaron a un posible acortamiento de la duración de los síntomas cuando se utilizó como tratamiento, aunque el efecto preventivo fue limitado y se observaron más efectos adversos leves.
Beneficios para la piel y dosis recomendada
La piel necesita zinc para renovarse y reparar pequeñas lesiones. Este mineral participa en la formación de colágeno, la respuesta inflamatoria local y la cicatrización. Por eso, niveles bajos pueden asociarse con irritación, peor recuperación de heridas y mayor fragilidad cutánea.
La dosis diaria cambia según la edad, el sexo y el momento fisiológico. En adultos, las recomendaciones habituales rondan los 8 mg al día en mujeres y 11 mg al día en hombres, aumentando durante el embarazo y la lactancia.
Entre las principales fuentes alimentarias destacan las ostras, la carne de vacuno, cerdo y ave, los huevos, los lácteos, las legumbres, los frutos secos, las semillas y los cereales integrales.
