Un equipo de neurociencia evaluó a 20 adultos jóvenes y comprobó que una siesta de 45 minutos entre la 13:15 y la 14:15 reduce la excitabilidad cortical y favorece la consolidación de la memoria.

Cómo funciona la “saturación” neuronal

Según la hipótesis de la homeostasis sináptica, el cerebro procesa información continuamente y, al agotarse, necesita un “reseteo” para seguir aprendiendo. La siesta actúa como ese reinicio, disminuyendo el ruido de fondo neuronal.

Metodología y hallazgos del experimento

Los investigadores usaron estimulación magnética transcraneal y electroencefalogramas para medir la excitabilidad corticoespinal antes y después de la siesta. Tras el descanso, observaron una disminución de conexiones irrelevantes y una recuperación de la capacidad de inducir Potenciación a Largo Plazo, proceso clave para crear recuerdos duraderos.

El hallazgo sugiere que, lejos de ser un lujo, la siesta es un mecanismo cerebral de mantenimiento que puede mejorar la productividad y el aprendizaje.