Decir “perdón” de forma reiterada no siempre significa arrepentimiento. En algunos casos, la psicología lo interpreta como una muletilla ligada a la personalidad y a la forma en que una persona se relaciona con su entorno.

Una respuesta aprendida para apagar el conflicto

La explicación más repetida entre los expertos es que esta conducta puede consolidarse desde la infancia. La psicóloga clínica Valentina López la describe como una conducta de escape: en algún momento, pedir perdón habría servido para desactivar discusiones y evitar que el ambiente se tensionara.

Con el tiempo, esa reacción puede automatizarse. Según la profesional, la persona deja de disculparse solo por lo que hizo y empieza a hacerlo para salir de la incomodidad que siente cuando percibe conflicto, incluso si no tuvo responsabilidad en lo ocurrido.

Inseguridad, culpa y miedo a incomodar

El uso excesivo de las disculpas también puede estar relacionado con inseguridad, culpa desproporcionada o miedo al conflicto. En ese escenario, la persona prefiere suavizar su posición, ceder o disculparse antes que sostener una discusión.

El texto advierte además que no todas las situaciones requieren una disculpa. Pedir ayuda o expresar una opinión, por ejemplo, no debería llevar siempre a un “lo siento”. Repetirlo en exceso puede reforzar el hábito y hacer que la persona interprete como negativas señales que no lo son.

La salida, según el enfoque citado, pasa por un trabajo personal orientado a fortalecer la autoestima y, de ser necesario, con apoyo profesional. El artículo menciona como referencia un estudio publicado en Frontiers in Psychology.