En ausencia de medicinas en los anaqueles de las farmacias venezolanas, muchos pacientes han redireccionado su apuesta a los remedios naturales. Médicos alegan que entre el efecto que surten en el enfermo, y la sugestión de este a la sustancia, hay una línea muy delgada.
El ungüento de hojas de neem para la escabiosis, las semillas de auyama como oxigenante, el ajo masticado como antihipertensivo, el vinagre como regulador de la insulina, y más, son algunos de los cientos de remedios caseros o naturales a los que la gente acude por falta de medicamentos en los anaqueles de las farmacias venezolanas. Pero, ¿es esta una práctica de sanación efectiva? ¿raya en la automedicación que trae consecuencias adversas? ¿o tiene que ver más con el efecto placebo? Para muchos la justificación es contundente: “No hay más remedio”. “No queda otra opción que pensar que el remedio te va a caer bien”, dice Julio Montilla, marabino que se confiesa migrante al placebo, que no consiste más que en el efecto positivo que se tiene sobre una sustancia que, careciendo en sí misma de acción terapéutica o certificación científica, produce algún efecto curativo en el enfermo si este la recibe convencido de que la sustancia es realmente curativa, según definen en el gremio médico. En otras palabras: el efecto placebo es fe. Las interrogantes sobre la redirección que se ha tomado hacia los remedios naturales se hacen lícitas y resuenan para quienes han agotado los cartuchos en la industria farmacológica y que —en espera de que sus medicamentos aparezcan— se ven obligados a cambiar de sistema para darle atención a su cuadro clínico. “Si no consigo el medicamento debo buscar soluciones con la esperanza de que me sirvan. Más vale tomarse algo y probar si ese algo va a funcionar, que quedarse de brazos cruzados viendo cómo en las farmacias se llenan los anaqueles de jabón líquido importado y la vida de uno se deteriora cada vez más”, justifica Marielena Suárez, quien sufrió una hipoxia cerebral hace dos años. A la docente, de 55 años, le ha tocado aferrarse a la búsqueda de remedios naturales para permanecer estable y mantener un mejor flujo sanguíneo a su cerebro. “De tanto recorrer farmacias ya la cara de una se va haciendo familiar. En una de esas tantas visitas en búsqueda de mi medicamento, escuché a alguien decir que tostaba las semillas de la auyama y se comía cuatro todos los días. Tengo dos meses haciéndolo y no puedo asegurar que tengo una mejoría comprobable, pero puedo decir que no me he sentido mal”, asegura Suárez. Pero ¡cuidado! No se trata de tomar un remedio natural solo porque lo escuchó en los pasillos de la clínica, se lo dijo la vecina, o lo encontró por Internet, advierten los médicos al respecto. Tomar un remedio natural por decisión propia del paciente caería en la mala práctica de la automedicación y no por ser natural el tratamiento a aplicarse estaría exento de alguna contraindicación. “El paciente por lo general, en búsqueda de una solución para su problema de salud pasa por varios procesos. Al no conseguir el medicamento prescrito, se pasa a una segunda opción y si esta tampoco está disponible, sin pensarlo dos veces acude a la alternativa natural porque considera que es mejor estar tomando algo que no tomar nada”, reflexiona Sheyla Montero, médico internista en una reconocida clínica marabina y quien tiene 19 años en el ejercicio. Al igual que las tomas de malojillo para la tos, la infusión de eucalipto para la rinitis, o la mazanilla para la indigestión, las semillas de auyama tostadas forman parte de las técnicas que, aunque no gozan de reconocimiento científico, constituyen la “botica popular” de la casa. Así como esos cuatro remedios, muchos otros califican entre la larga lista. “La carencia de aerosoles nasales, por ejemplo —para los cuadros de rinitis, sinusitis, etc. — ha conllevado a los pacientes a los métodos tradicionales que apuntan al uso del eucalipto para desinflamar la mucosa nasal. Los pacientes aseguran que luego de la inhalación del vapor sienten mejoría. Si esto se combina con un antialérgico y un antibiótico, el cuadro clínico va a desaparecer. Pero hay que tomar en cuenta que todo aerosol tibio tiene la capacidad de descongestionar la mucosa. Es entonces donde se asoma el efecto placebo y eso no es más que fe, algo muy personal del paciente”, explica Montero, quien reconoce las propiedades de algunas plantas y justifica la relación que puede existir entre ellas y los efectos positivos sobre la salud. “La hoja de neem tiene cualidades antibacterianas y evita el picor, por eso puede aliviar la escabiosis, porque son síntomas propios de la enfermedad. Pero no la cura”, detalla la internista. La delgada línea entre el efecto placebo sobre remedios naturales y la sanación comprobada se debate en el ámbito médico, psicológico y en el del propio paciente. Para José Núñez, médico internista- inmunólogo del Hospital Universitario de Maracaibo y director de la División de Extensión de la Facultad de Medicina de la Universidad del Zulia (LUZ), la efectividad de los remedios hechos en casa provienen de la tradición ancestral transmitida. “Estos efectos son obtenidos a través de la tradición de la prueba- efecto que usualmente ocurrió por primera vez de manera accidental y que con el tiempo se observó en ellos cierta efectividad. Sin embargo, no existe en la gran mayoría de estos remedios una investigación científica asertiva y probada que pueda demostrar que es efectivo o no. De igual forma, no existe una investigación asertiva que relacione la sugestión del paciente con el remedio y un efecto placebo”, expone Núñez, con 20 años de trayectoria como médico y docente universitario. La sensibilidad a las sustancias naturales también aparece como punto en el debate. Mientras hay quienes sostienen que nada natural puede hacer daño, porque, precisamente, es natural, hay quienes afirman que así como un fármaco puede generar una reacción adversa, un remedio tradicional también. “En muchos casos los pacientes no informan al médico que se han tomado o se han aplicado un remedio natural —expone Nelly Díaz, ginecobstetra marabina de una clínica al norte de Maracaibo- . Pero hay pacientes que, por ejemplo, se han aplicado lavados vaginales de granada y se han producido quemaduras. Es cuestión de mucho cuidado. Quien vaya a hacer uso de este tipo de remedios debe estar atento a la tolerancia que su organismo tiene al respecto y hacerlo bajo orientación del médico naturista, por ejemplo. Las plantas también tienen propiedades que no deben desestimarse, sin embargo, no es recomendable sustituir un medicamento farmacológico para tratarse exclusivamente con las plantas”. Aunque realmente no está demostrado que puede existir algún tipo de alergia ante algún remedio natural, Núñez comparte la opinión de que este aspecto debe tratarse con cuidado. “Es cuestión de probar con calma y verificar que se produzca el efecto deseado”, sostiene. Agrega, además, que actualmente existen escuelas que recomiendan el abandono de medicamentos farmacológicos para el uso de remedios netamente naturales, basados en el efecto que existe en la medicina alternativa y algunas nuevas áreas de estudio social que hablan de los efectos de lo que implica el mejoramiento del estilo de vida y el pensar en positivo respecto a la salud. Sin embargo, no existen estudios formales que avalen esa posición. “Por eso no es recomendable dejar el tratamiento farmacológico indicado por el médico tratante para abandonarse ante los remedios tradicionales, que si bien es cierto pueden aportar algunos beneficios no corresponden en el tratamiento de enfermedades que requieren un suministro de fármacos diario como la diabetes e hipertensión”, enfatiza.

