Las plataformas digitales se han consolidado como un canal habitual para consultar y compartir información médica, pero también como un importante foco de difusión de bulos, medias verdades y mensajes engañosos. Una revisión realizada por la Organización Mundial de la Salud (OMS) —el organismo especializado de las Naciones Unidas en gestión de políticas sanitarias a escala global—, que analizó 31 revisiones sistemáticas, concluyó que la desinformación sanitaria puede favorecer interpretaciones erróneas de la evidencia científica, incrementar las dudas en torno a las vacunas, perjudicar la salud mental e incluso retrasar la búsqueda de atención médica oportuna.
El impacto de la desinformación en la red
El principal desafío radica en que gran parte de estos contenidos no resultan sencillos de identificar a primera vista. A menudo parten de un dato científico real, presentan una correlación como si se tratara de una causa directa o exageran los resultados de una investigación. De acuerdo con una revisión de 69 estudios sobre desinformación sanitaria en redes sociales, se detectaron niveles elevados de información errónea en diversos ámbitos, que van desde las enfermedades y la alimentación hasta las vacunas.
Pon a prueba tu criterio científico
Ante este escenario, surge el interrogante sobre la capacidad individual para filtrar contenidos verídicos frente a los falsos. Para evaluar estas habilidades, se ha habilitado un cuestionario interactivo de diez preguntas que permite comprobar si los ciudadanos cuentan con las herramientas necesarias para reconocer la información rigurosa. Para conocer más sobre las iniciativas informativas y verficaciones del sector, los usuarios pueden configurar sus preferencias en Google.
