Maquillar el rostro requiere adaptar las técnicas con el paso de los años para mantener la frescura y la luminosidad de la mirada. A partir de los cincuenta, ciertos hábitos cotidianos en el uso de cosméticos pueden generar un efecto contrario al deseado, restando definición y profundidad al contorno de los ojos.
Claves
- —Evitar el exceso de sombras y tonos oscuros para no endurecer los rasgos.
- —Priorizar fórmulas ligeras que no marquen los pliegues del párpado.
- —Emplear el delineador y la máscara de pestañas de forma estratégica para abrir la mirada.

El impacto de las texturas y el exceso de producto
La maquilladora Lucía Moreno Cervera explica que intentar compensar la pérdida natural de definición en el párpado aplicando una gran cantidad de producto suele ser un error frecuente. Las fórmulas muy secas o recargadas acentúan los pliegues y la textura de la piel, haciendo que la mirada se perciba más pesada.
Para contrarrestar este efecto, se recomienda el uso previo de una prebase que unifique la superficie y garantice una fijación adecuada sin sobrecargar la zona. Los tonos de transición suaves, como los marrones medios, los beiges o los acabados bronce, permiten dotar de dimensión al ojo de manera natural.

Técnicas de delineado y uso de la máscara
La dirección del trazo resulta fundamental para conseguir un efecto visual que eleve el contorno ocular. Se aconseja iniciar el delineado desde la mitad del párpado hacia el extremo exterior, guiándose por la forma natural de la ceja, en lugar de seguir una línea descendente.
Asimismo, saturar las pestañas con demasiada máscara o concentrar el producto en el vello inferior tiende a cerrar óptimamente el ojo. Los expertos sugieren enfocar la mayor intensidad en la raíz de las pestañas superiores para lograr una mayor apertura sin endurecer la expresión.
