Barcelona fue el escenario de un debate sobre inteligencia artificial y atención sanitaria en el que cinco expertos del ámbito de la ética y la salud coincidieron en una idea central: la tecnología puede apoyar al personal médico, pero no reemplazar la mirada, la escucha ni el acompañamiento al paciente.
La tecnología como apoyo, no como sustituto
La mesa redonda arrancó con la idea de que la inteligencia artificial es una herramienta al servicio de la práctica clínica, pero no sustituye el criterio de los profesionales. Los expertos subrayaron que, detrás de cada dato, hay una persona y que la validación humana seguirá siendo imprescindible.
Entre los usos mencionados estuvieron el análisis de datos clínicos, la interpretación de imágenes médicas, la redacción de informes y la reducción de parte de la carga burocrática que afrontan los profesionales de la salud.
El valor del tiempo y del trato humano
Maria Teresa Estrach afirmó que la inteligencia artificial puede ayudar a recuperar tiempo para el paciente y mirarlo a los ojos. Mari Àngels Aceituno puso como ejemplo la transcripción automática de las conversaciones en consulta, una herramienta que puede reducir el tiempo frente a la pantalla y facilitar una atención más humana.
Àlex Soriano señaló que, desde la pandemia, los pacientes piden empatía, escucha y tiempo de calidad. También advirtió de que la precisión diagnóstica de las máquinas será cada vez mayor, por lo que las facultades deberán dar más peso a las habilidades para interactuar con el paciente.
Formación ética y humanista
Josep Maria Guardiola alertó del riesgo de deshumanización en la profesión y recordó que los estudiantes deben aprender desde el primer curso a aprovechar la IA sin perder de vista la excelencia con empatía, humanidad, solidaridad y compromiso.
Begoña Román insistió en que la responsabilidad no puede delegarse en una máquina y sostuvo que la ética no se enseña solo en teoría, sino con el ejemplo de un mentor. También advirtió sobre el valor de los datos y los riesgos de hackeo, por lo que defendió el uso de aplicaciones corporativas que garanticen el cumplimiento normativo.
Los ponentes coincidieron en que el sistema sanitario necesita más formación en inteligencia artificial, pero también en comunicación, humanización y acompañamiento. La conclusión fue unánime: la tecnología puede aliviar la presión asistencial, pero no sustituye la capacidad de escuchar y cuidar a las personas.



